El gobierno de Chile declaró estado de catástrofe en la región de Coquimbo y en la provincia de Huasco, en el norte del país, tras un violento sistema frontal que azota la zona desde el pasado 15 de julio. La medida de excepción constitucional, ordenada por el presidente José Antonio Kast ante la creciente gravedad del evento, faculta el despliegue de las Fuerzas Armadas y la asignación inmediata de recursos económicos para labores de rescate y mitigación.
La emergencia climática impactó con particular fuerza en las zonas desérticas del norte, caracterizadas por su extrema aridez y poca preparación ante eventos de esta magnitud. "Lo que llueve generalmente en un mes llovió (ayer) en una hora, lo que lleva a calificar este evento como de precipitaciones anormales y extremas", declaró el viceministro del Interior, Máximo Pavez.
Cristóbal Juliá, gobernador de Coquimbo, detalló para AFP la presencia de barrios "llenos de barro, de agua, inundados, personas que han perdido sus casas, sus enseres, gente que está con mucha angustia". "Esta vez superó con creces lo que pasó en ese entonces", añadió en referencia a las lluvias intensas registradas en 1997. Por su parte, Arnaldo Zúñiga, de la Dirección Meteorológica de Chile, indicó que desde "hace bastantes años que no teníamos una condición similar".
Cifra de víctimas al alza e infraestructura colapsada
El impacto del temporal en el norte de Chile ha dejado un saldo de diez fallecidos, cuatro desaparecidos y 17 lesionados, según el último balance del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred). Más de 2.400 personas resultaron damnificadas, cerca de 2.200 viviendas sufrieron daños estructurales severos o quedaron destruidas, y casi 100.000 habitantes permanecen completamente aislados debido al bloqueo de rutas y el desbordamiento de ríos. Las afectaciones a los servicios básicos se han extendido por todo el territorio: la cartera de Energía reporta alrededor de 150.000 clientes sin suministro eléctrico, mientras que en Coquimbo el corte de energía y los aludes de lodo paralizaron el servicio de agua potable.
“La situación ha superado cualquier pronóstico. Nuestra infraestructura resultó dañada y debimos evacuar a nuestro personal de algunas instalaciones”, declaró a la prensa el gerente regional de la empresa Aguas del Valle, Andrés Nazer, quien detalló que se realizó una evacuación preventiva del personal en plantas de procesamiento. En el ámbito operativo, unidades militares desplegaron helicópteros y maquinaria pesada para rescatar a familias atrapadas en los techos de sus viviendas. Las ráfagas de viento superiores a los 100 km/h y las marejadas obligaron además al cierre preventivo de decenas de puertos en la zona.
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