El 10 de julio, el presidente Donald Trump dio por concluido el cese al fuego con Irán, y en los días siguientes los ataques se intensificaron y se extendieron a más países aliados de EE.UU. en el golfo Pérsico que albergan bases militares estadounidenses. Este nuevo episodio de hostilidades ocurre justo cuando los gestores de inversiones apenas empezaban a celebrar la distensión que trajo la firma de un memorando de entendimiento entre EE.UU. e Irán, el 17 de junio, que ponía fin a las agresiones iniciadas a finales de febrero.
El resurgimiento de las tensiones tiene su origen en que Irán comprobó que, en la práctica, la ejecución de ese preacuerdo –que liberaba el flujo naviero por el estrecho de Ormuz– le restaba el control que sobre esa vía clave había logrado desde el inicio de la guerra, dominio que fortalecía su poder de negociación frente a sus rivales. Pese a la reapertura del primordial estrecho de Ormuz –por donde transita la quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo– a raíz de ese acuerdo preliminar, el 7 de julio último, buques petroleros fueron atacados por fuerzas iraníes. Luego se sucedieron más acometidas de este tipo que provocaron la respuesta de EE.UU., con bombardeos puntuales a la zona costera iraní.
Desde la semana pasada, los bombardeos ya no solo afectan objetivos militares, sino también infraestructura civil –puentes, ferrovías, centrales eléctricas y plantas desalinizadoras de agua vitales en esa región– en Irán y en países coaligados con EE.UU., como Kuwait, Bahréin, Catar y Jordania. Expertos militares estiman que, si las tensiones no ceden, esos embates podrían desembocar en una conflagración regional.
El recrudecimiento bélico desde la segunda semana de julio ha llevado al petróleo Brent a escalar primero a US$ 80 y luego a US$ 90 el barril ayer, nivel no observado en cinco semanas. Antes, con el cese al fuego de junio, el alza del crudo se había moderado y regresó a niveles de preguerra (US$ 70). Sin embargo, la república islámica ha utilizado esa crucial vía como instrumento de presión contra sus oponentes: al restringir el flujo, el suministro global de petróleo decayó más de 20% y su precio repuntó hasta casi US$ 120 en marzo y abril.
Este nuevo ascenso del petróleo tiene un impacto directo en los precios de los combustibles, en los costos empresariales por consumo de energía y en el encarecimiento del transporte. En el Perú, la inflación —que hasta febrero estaba en la parte baja del rango meta del BCR (entre 1% y 3% anual)— lleva cuatro meses por encima de ese objetivo de política monetaria. La inflación a 12 meses pasó de 3.91% en mayo a 4.01% en junio, más del doble que en enero (1.7%). Incluso la tasa subyacente, que excluye los productos más volátiles como energía y alimentos, se ubica en 4.5%.
El temor de los analistas económicos es que esta evolución contamine al resto de los precios de la economía y empuje las expectativas inflacionarias por sobre la meta del BCR. El propio instituto emisor reconoció en su programa monetario de julio que “existe el riesgo de que un fenómeno de El Niño de mayor intensidad y las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente tengan efectos más persistentes sobre la inflación”.
La subida del petróleo configura un choque de oferta y, como tal, debería ser temporal. Por tanto, los bancos centrales como la Fed de EE.UU. o el BCR no planean, en lo inmediato, subir su tasa de interés, pues no se trata de un problema de demanda que deban moderar con un ajuste monetario.
En el corto plazo, los movimientos del petróleo generarán presiones inflacionarias en el mercado local que pueden distorsionar precios, según Diego Marrero, portfolio manager de Blum SAF. El especialista señaló que “ahora EE.UU. e Irán están en un entrampamiento porque este último no quiere renunciar al programa de enriquecimiento de uranio y quiere controlar Ormuz y aplicar un peaje a los barcos, algo que EE.UU. no quiere. Aunque Trump tiene incentivos para que el alza del precio del petróleo no se traslade a los combustibles, pues afectará a la población y se acercan las elecciones de noviembre de mitad de periodo en ese país”. Marrero advirtió que sería más complicado aún para el control de la inflación que la cotización del crudo se mantenga en torno a US$ 100, mientras que otra “barrera psicológica” que mencionan los analistas son los US$ 120 por barril.
Por su parte, Francisco de la Cerda, economista senior de LarrainVial Research, sostuvo que “el recrudecimiento reciente del conflicto llevó nuevamente al petróleo a precios de US$ 90 y los contratos de futuros incorporan que el precio cerraría el año en torno a US$ 80. En la medida en que no se normalice el tráfico de combustible por el estrecho de Ormuz mediante un acuerdo creíble y duradero, no veríamos una reversión rápida de este shock”. Con ese choque, sumado al eventual que origine el fenómeno de El Niño, proyectó que la inflación cerraría el año en 4%, por encima del rango meta del BCR, aunque al tener efectos transitorios, el índice de precios convergería hacia el objetivo de política monetaria en el segundo o tercer trimestre de 2027.
Scotiabank, en tanto, advierte sobre el riesgo de alzas en la tasa referencial, “siempre y cuando el fenómeno de El Niño y una reanudación del conflicto en Medio Oriente ocasionen una mayor persistencia inflacionaria, ocasionando que las expectativas de inflación a 12 meses (hoy en 2.8%) se ubiquen por encima del rango meta de manera sostenida”. La entidad señaló que el principal riesgo para la inflación en Latinoamérica continúa siendo los elevados precios del petróleo.
Rigidez en precios locales
Luis Eduardo Falen, docente de la Universidad del Pacífico, prevé que la inflación se mantendrá fuera del rango meta en el corto plazo debido a la incertidumbre sobre la guerra en Irán. A esto se suman los efectos del fenómeno de El Niño, que ya reduce la oferta de algunos alimentos y de la producción pesquera, según añadió.
El economista explicó que existe una rigidez a la baja en los precios de los combustibles en el mercado local: cuando el petróleo sube a nivel internacional, el incremento se refleja “rápidamente” en el costo de los combustibles en el país, mientras que una caída de las cotizaciones demora más en trasladarse al público. Según cifras del Ministerio de Energía y Minas, el precio promedio del gasohol regular a nivel nacional era de S/ 14.58 por galón el 26 de febrero, y al 24 de junio —la cifra más actual disponible— subió a S/ 18.75 por galón, lo que representa un alza de 28.6%.
Economista periodista. Estudió economía en Pontificia Universidad Católica del Perú. Editor de Finanzas por 10 años.
Economista con trayectoria en periodismo y medios digitales.
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