En la obra, el personaje de Fiorella De Ferrari toma el liderazgo cuando Don (Manuel Gold), un presidente que no quiere hacerse problemas, le dice a su primer ministro: “Encárgate”. La actriz destaca que es interesante porque "son dos mujeres, finalmente", y que Carina (Anaí Padilla) termina bajo la defensa del bien común. Desde su perspectiva, esto representa una crítica al progresismo que "no necesariamente ha sabido asumir un liderazgo, desafortunadamente, que pueda representarnos con solidez y enfrentarse a los riesgos de una ultraderecha, ¿verdad? Que se manifiesta en todos los sistemas de la vida". Para ella, la obra plantea "una discusión hermosa: cómo construir una comunidad democrática que, a su vez, tenga liderazgo, dirección y claridad. Que sus principios orienten la toma de decisiones. La búsqueda de esa utopía es válida. Sigue siendo relevante, tenemos que seguir buscándola".
Una de las escenas que más risas genera en el montaje es cuando todos los padres participan en un chat en el que ya no hay filtros. Fiorella De Ferrari reflexiona que "en la vida en general, cuando aparece el conflicto es cuando revelamos cuán consistentes somos entre lo que decimos y lo que hacemos. Se revela la verdad. Nuestras fortalezas y oscuridades aparecen, sin duda, cuando hay conflicto". Por eso, como educadora, considera fundamental "que la escuela sea un lugar que no le tema al conflicto". No se refiere solo a los padres de familia, sino también a la escuela como "lugar de creación de cultura, como un lugar donde venimos a construirnos como ciudadanos, que sea la conversación una práctica cotidiana desde que los niños son muy pequeños". Agrega que es necesaria "la capacidad de debatir nuestras ideas, incluso de renunciar a ellas cuando la idea del otro tiene sentido. Si no es así, no debería sorprendernos cómo tendencias, digamos, mucho más verticales sean las que terminan gobernándonos. No estamos ejercitados en ese espíritu, en el arte de la conversación, del diálogo desde pequeños".
Elenco de la obra que cumple temporada en el Teatro La Plaza, Miraflores.
Suzanne trata de no discriminar, pero, ¿te parece que tiene interiorizado el racismo y el clasismo?
Absolutamente. Es una mujer que quiere hacer las cosas bien, pero su propia educación, su propia historia y su propio privilegio se filtran. Su mundo es pequeño, como en la vida y como nos pasa también en el Perú a muchos que sabemos poquito. Intentamos desde donde estamos hacer las cosas lo mejor posible.
He escuchado a algunos decir que vieron reflejados a los candidatos; incluso, alguien se arrepintió de su voto. ¿El teatro siempre debe generar estas conversaciones?
(Ríe) Lo que pasa es que, en el sentido de que cualquier grupo humano tiene que tomar decisiones, es un pequeño gobierno. Es un comité ejecutivo, hay una gobernanza y entre el discurso y la práctica siempre encontramos que hay distancias.
Así como el autor de Eureka Day se anticipó, esta programación de La Plaza estaba antes de lo que sucedió a nivel social-político. A inicios de temporada, Chela De Ferrari decía que las tablas eran un espacio de resistencia. ¿Qué les toca hacer ahora?
El teatro tiene que seguir siendo ese lugar que habla de todo aquello que pueda preocuparnos. Tenemos que hablar de los temas difíciles y también de todo aquello que nos mueva. Hay muchas formas de hacer política. La resistencia está en no dejar de hacerlo, de no dejar de apostar por tratar todos aquellos temas que nos ayudarán a seguir construyendo la idea de sociedad que deseamos. Y para mostrarnos el potencial que tenemos como individuos, pero también como tribu que somos.
Para Fiorella De Ferrari, ni el teatro ni la escuela deben ser una burbuja. “La casuística no puede ser solo el pasado”, sostiene, y propone un diálogo constante entre lo que fue, lo que ocurre hoy y la proyección al futuro. La escuela, afirma, debe ser un espacio de creación, pero eso es imposible sin investigación, y esta a su vez requiere exploración de ideas. Para lograrlo, insiste en construir “esta cultura de la conversación”. Incluso el desacuerdo, explica, nos acerca: al escuchar al otro y ponernos en sus zapatos por un momento, se fortalece la vida democrática. “El teatro, como espejo, nos puede ayudar a abrir muchas puertas para seguir ampliando el debate, reflexionando y, ojalá, tomando decisiones”, concluye.
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