Actriz y educadora. “¿Qué es más radical que el acceso universal a la salud y a la educación?”, se lee en un cuadro colgado en la pared de la obra *Eureka Day*, escrita por Jonathan Spector. La trama sigue a un grupo de padres de un colegio inclusivo que se reúnen con un nuevo miembro del comité para explicarle que cada decisión se toma por consenso, no por votación. Sin embargo, un brote de paperas pone a prueba los principios de cada uno. “Se identifican con unos valores, con una idea de escuela, con una idea incluso de sociedad, pero es interesante cómo, cuando se tocan las fibras más personales, más sensibles, que son los hijos y la posibilidad de perderlos, pues ahí aparecen otras fuerzas y cada uno pelea por lo suyo”, comenta Fiorella De Ferrari, quien interpreta a Suzanne. Y añade: “También está la búsqueda de poder”. La actriz, también educadora, confiesa que conectó rápidamente con el texto. “Los temas éticos que plantea Eureka Day son absolutamente relevantes hoy”, afirma. De Ferrari señala que se identificó con “el deseo profundo de una comunidad educativa por construir una cultura donde el consenso, donde el espíritu democrático, inclusivo, esté al centro”, pero también con “los desafíos que eso significa, ¿no? En un mundo donde se ponen los intereses individuales con frecuencia por delante del bien común”. Asimismo, la obra la llevó a reflexionar sobre “los límites que tiene ese espíritu inclusivo”. “Esta es una escuela, pero en el fondo es un espejo de muchos otros espacios sociales. El liderazgo tiene que manifestarse y hay que tomar decisiones para avanzar. Y no siempre vas a poder complacer a todos”, concluye la intérprete.

En la obra, el personaje de Fiorella De Ferrari toma el liderazgo cuando Don (Manuel Gold), un presidente que no quiere hacerse problemas, le dice a su primer ministro: “Encárgate”. La actriz destaca que es interesante porque "son dos mujeres, finalmente", y que Carina (Anaí Padilla) termina bajo la defensa del bien común. Desde su perspectiva, esto representa una crítica al progresismo que "no necesariamente ha sabido asumir un liderazgo, desafortunadamente, que pueda representarnos con solidez y enfrentarse a los riesgos de una ultraderecha, ¿verdad? Que se manifiesta en todos los sistemas de la vida". Para ella, la obra plantea "una discusión hermosa: cómo construir una comunidad democrática que, a su vez, tenga liderazgo, dirección y claridad. Que sus principios orienten la toma de decisiones. La búsqueda de esa utopía es válida. Sigue siendo relevante, tenemos que seguir buscándola".

Una de las escenas que más risas genera en el montaje es cuando todos los padres participan en un chat en el que ya no hay filtros. Fiorella De Ferrari reflexiona que "en la vida en general, cuando aparece el conflicto es cuando revelamos cuán consistentes somos entre lo que decimos y lo que hacemos. Se revela la verdad. Nuestras fortalezas y oscuridades aparecen, sin duda, cuando hay conflicto". Por eso, como educadora, considera fundamental "que la escuela sea un lugar que no le tema al conflicto". No se refiere solo a los padres de familia, sino también a la escuela como "lugar de creación de cultura, como un lugar donde venimos a construirnos como ciudadanos, que sea la conversación una práctica cotidiana desde que los niños son muy pequeños". Agrega que es necesaria "la capacidad de debatir nuestras ideas, incluso de renunciar a ellas cuando la idea del otro tiene sentido. Si no es así, no debería sorprendernos cómo tendencias, digamos, mucho más verticales sean las que terminan gobernándonos. No estamos ejercitados en ese espíritu, en el arte de la conversación, del diálogo desde pequeños".

Obra teatral con Stephany Orúe, Diego Pérez, Manuel Gold, Fiorella De Ferrari y Anaí Padilla.

Elenco de la obra que cumple temporada en el Teatro La Plaza, Miraflores.

Suzanne trata de no discriminar, pero, ¿te parece que tiene interiorizado el racismo y el clasismo?

Absolutamente. Es una mujer que quiere hacer las cosas bien, pero su propia educación, su propia historia y su propio privilegio se filtran. Su mundo es pequeño, como en la vida y como nos pasa también en el Perú a muchos que sabemos poquito. Intentamos desde donde estamos hacer las cosas lo mejor posible.

He escuchado a algunos decir que vieron reflejados a los candidatos; incluso, alguien se arrepintió de su voto. ¿El teatro siempre debe generar estas conversaciones?

(Ríe) Lo que pasa es que, en el sentido de que cualquier grupo humano tiene que tomar decisiones, es un pequeño gobierno. Es un comité ejecutivo, hay una gobernanza y entre el discurso y la práctica siempre encontramos que hay distancias.

Así como el autor de Eureka Day se anticipó, esta programación de La Plaza estaba antes de lo que sucedió a nivel social-político. A inicios de temporada, Chela De Ferrari decía que las tablas eran un espacio de resistencia. ¿Qué les toca hacer ahora?

El teatro tiene que seguir siendo ese lugar que habla de todo aquello que pueda preocuparnos. Tenemos que hablar de los temas difíciles y también de todo aquello que nos mueva. Hay muchas formas de hacer política. La resistencia está en no dejar de hacerlo, de no dejar de apostar por tratar todos aquellos temas que nos ayudarán a seguir construyendo la idea de sociedad que deseamos. Y para mostrarnos el potencial que tenemos como individuos, pero también como tribu que somos.

Para Fiorella De Ferrari, ni el teatro ni la escuela deben ser una burbuja. “La casuística no puede ser solo el pasado”, sostiene, y propone un diálogo constante entre lo que fue, lo que ocurre hoy y la proyección al futuro. La escuela, afirma, debe ser un espacio de creación, pero eso es imposible sin investigación, y esta a su vez requiere exploración de ideas. Para lograrlo, insiste en construir “esta cultura de la conversación”. Incluso el desacuerdo, explica, nos acerca: al escuchar al otro y ponernos en sus zapatos por un momento, se fortalece la vida democrática. “El teatro, como espejo, nos puede ayudar a abrir muchas puertas para seguir ampliando el debate, reflexionando y, ojalá, tomando decisiones”, concluye.

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