La crítica situación en la provincia de Chupaca, Junín, fue relatada por Luis Miguel Saldaña, habitante de la localidad de Pumpunya, en diálogo con el programa Conexión de RPP. Tras el sismo de magnitud 5.1 que dejó 5 fallecidos y una treintena de heridos, los damnificados enfrentan noches a cielo abierto con bajas temperaturas, obligados a dormir cerca de sus viviendas colapsadas por el temor a los saqueos que ya se registran en la zona.
Saldaña, quien perdió su casa y a varios familiares, denunció que la distribución de carpas por parte de las autoridades se ha concentrado principalmente en zonas públicas y plazas, dejando desprotegidos a quienes decidieron permanecer en sus terrenos para vigilar lo poco que lograron rescatar entre los escombros. Ante la falta de módulos de vivienda o carpas individuales cerca de sus propiedades destruidas, los vecinos improvisan camas sobre restos de vegetación agrícola para soportar el frío nocturno.
"En mi casa, la parte de abajo hay una chacra. Ahí estamos durmiendo, a la intemperie", afirmó Saldaña, quien agregó que la precariedad se extiende a otros familiares en condiciones similares. "Mis tías, mis tíos, de allá del frente donde viven, así están durmiendo, en la intemperie, encima de chala, tapado con frasadas", dijo. La falta de refugio y el miedo a los robos mantienen a las familias en una situación de extrema vulnerabilidad en la zona del desastre.
Delincuencia tras el desastre
La falta de seguridad en las zonas afectadas por el sismo en Junín ha generado un clima de zozobra que impide a los damnificados trasladarse a los refugios oficiales. Saldaña denunció que el saqueo de viviendas siniestradas es obra de personas que fingen ser brigadistas o voluntarios, quienes, aprovechando la confusión y el dolor de las víctimas, han sustraído herramientas de trabajo y bienes de valor. “Me han robado prácticamente en la noche. El día siguiente voy a verificar a ver cómo estaba todo para poder empezar los trabajos (y) me doy la sorpresa que estaba libre ese ambiente, no se había aplastado, pero ya no estaba la máquina”, lamentó tras perder una herramienta valorizada en tres mil soles. El afectado señaló que la presencia policial y militar en los puntos más críticos de la emergencia es insuficiente, pues los patrullajes son esporádicos y no cubren las horas de mayor riesgo durante la madrugada. A esto se suma la falta de servicios básicos como agua potable, luz eléctrica y saneamiento, lo que incrementa el riesgo de enfermedades. “Necesitamos lo que es esos baños químicos portátiles para nosotros, porque tenemos necesidades, no tenemos agua, no tenemos luz en las viviendas”, afirmó.
Relato del momento del sismo
El impacto del movimiento telúrico fue descrito por Saldaña como una sacudida vertical devastadora que no dio tiempo a la evacuación, provocando el colapso inmediato de las estructuras de adobe y material noble en la zona. El afectado relató que tuvo que rescatar a su esposa e hijo escarbando entre los restos de su hogar con sus propias manos, sufriendo diversas lesiones en el proceso mientras intentaba socorrer a otros parientes atrapados.
“Ahí mi primo ha fallecido [...] mis dos tías, un tío están fallecidos”, dijo el damnificado, quien también señaló que, por temor a robos, varios afectados duermen a la intemperie cerca de sus viviendas. La situación se agrava en Junín tras el sismo de magnitud 5.1, que dejó seis fallecidos y varios heridos en Pumpunya. El Gobierno declaró estado de emergencia en cinco distritos “por impacto de daños”, mientras que la Defensoría advierte retraso de alcaldes en el empadronamiento de damnificados y señala que “se ha visto un poco de desorden”. Por su parte, el gobernador de Junín indicó que los damnificados se niegan a abandonar la zona de desastre por temor a saqueos. En medio de los escombros, los ciudadanos de Pumpunya se han instalado en carpas, mientras las autoridades enfrentan críticas por la demora en la atención.
El premier Luis Arroyo anunció la declaratoria de emergencia para los distritos de Junín afectados por el sismo. Esta medida se da en medio de la denuncia de un damnificado, quien señaló que varios afectados duermen a la intemperie cerca a sus viviendas por temor a robos. La situación refleja la precariedad que enfrentan las familias tras el movimiento telúrico.
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