La madrugada del sábado 20 de julio de 2002, el Jockey Plaza en Surco se convirtió en el escenario de una de las peores tragedias del país. Miles de jóvenes llegaron hasta allí para asistir a la 'Fiesta Zoo', un evento exclusivo organizado para lanzar un perfume. Sin embargo, lo que debía ser una noche de diversión terminó en una trampa mortal cuando la discoteca Utopía, que albergaba a más de mil asistentes, quedó envuelta en llamas. El local superaba ampliamente su capacidad permitida de 400 personas y no contaba con las garantías mínimas para operar. Los dueños habían llevado animales exóticos enjaulados y espectáculos con fuego para sorprender al público, pero las salidas de emergencia estaban cerradas, impidiendo que los asistentes escaparan. El desastre dejó 29 jóvenes de entre 20 y 30 años fallecidos.
El incendio no fue un accidente fortuito, sino el resultado de una cadena de negligencias graves. El establecimiento funcionaba sin licencia municipal ni autorización de Defensa Civil, y carecía por completo de extintores accesibles, alarmas o ventilación adecuada. Semanas antes del siniestro, el municipio de Surco había intentado clausurar el local, pero una orden judicial permitió que siguiera abierto. Esa cadena de fallas provocó la muerte de los 29 asistentes y dejó una herida profunda en la sociedad peruana que, 24 años después, sigue exigiendo justicia. La indignación pública no cesa mientras uno de los responsables del siniestro quedó libre.
Pese a las condenas y las promesas de justicia, la impunidad rodea a uno de los implicados en la tragedia de la discoteca Utopía, que cobró la vida de 29 jóvenes. El fatídico incendio comenzó alrededor de las 2:30 de la madrugada, cuando el barman Roberto Ferreyros realizaba malabarismos con fuego en la cabina de los disc-jockey. Tras colocar bencina en los ceniceros y encenderlos, utilizó un rociador para lanzar gas al aire y prenderlo. Las llamas alcanzaron de inmediato el techo del local, cubierto con una espuma altamente inflamable. En los primeros segundos, el público creyó que el fuego era parte del espectáculo y aplaudió, pero en menos de cinco minutos el incendio se esparció sin control por todo el salón principal.
La desesperación se apoderó del lugar cuando el ambiente se llenó de humo negro y tóxico. Al intentar escapar, los jóvenes descubrieron que las salidas de emergencia estaban completamente cerradas y que la única ruta de evacuación era un pequeño túnel donde la multitud terminó aplastándose entre sí. Más de 400 bomberos y policías llegaron para intentar rescatar a los atrapados mientras la estructura comenzaba a desmoronarse. La falta de oxígeno y la inhalación de gases letales causaron la muerte por asfixia de las 29 víctimas, algunas dentro del local y otras camino a los hospitales.
El proceso judicial por la tragedia de Utopía se extendió por más de 15 años y estuvo marcado por obstáculos para los familiares de las víctimas. El barman Roberto Ferreyros fue el primer sentenciado en 2004 a cuatro años de prisión, pero quedó libre tras cumplir apenas 15 meses gracias a beneficios penitenciarios. El administrador Percy North recibió inicialmente una pena de cuatro años por homicidio culposo; sin embargo, tras apelaciones de los deudos, su condena fue elevada a 10 años por homicidio doloso. North cumplió siete años en el penal Castro Castro antes de salir libre en 2015.
Los accionistas de la discoteca, Édgar Paz Ravines y Alan Azizollahoff Gate, generaron la mayor indignación al huir del país en 2004. Ambos fueron condenados a cuatro años de cárcel por homicidio culposo bajo omisión impropia, lo que activó su búsqueda internacional. Paz Ravines fue capturado por la Interpol en México en 2018 —un logro que los deudos atribuyen al revuelo causado por el estreno de la película 'Utopía'— y extraditado al Perú en 2020 para cumplir su pena. En contraste, Azizollahoff Gate nunca fue recluido: su condena prescribió definitivamente en mayo de 2021, dejando a uno de los principales implicados en total impunidad.
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