Cuando el terremoto del 29 de julio de 1967 sacudió el norte de Venezuela y derrumbó el edificio donde vivía en La Guaira, María Elena Páez Pumar tenía apenas siete meses de nacida. Cuatro días después, su llanto guió a los rescatistas hasta los escombros, donde fue hallada con vida junto a su madre y una de sus hermanas. Uno de sus hermanos murió en el colapso.

Hoy, a sus 59 años, esa experiencia la impulsa a ayudar a las víctimas de los terremotos del 24 de junio en Venezuela. Desde Estados Unidos, participa en campañas de solidaridad para los damnificados. “Cualquier persona en esa situación necesita ayuda de donde sea. Y habiendo estado en esos zapatos y recibido tanta ayuda de mi familia, de mis amigos o de gente que ni siquiera me conocía, era lo mínimo que podía hacer”, afirmó.

Las secuelas del sismo de 1967 marcaron su vida: perdió el antebrazo derecho, mientras que su hermana sufrió la amputación de ambas piernas por complicaciones posteriores al rescate. A pesar de ello, la tragedia no le impidió tender una mano a quienes hoy enfrentan una situación similar.

La movilización solidaria dentro y fuera del país fue masiva tras los recientes sismos. Miles de personas, como Páez Pumar, se sumaron a las labores de ayuda para los afectados.

Una vida marcada por la resiliencia

María Elena Páez Pumar, quien perdió el brazo derecho en el terremoto de 1967 en Venezuela, asegura que tuvo una infancia feliz pese a las secuelas físicas, gracias al apoyo de su familia y su entorno. Con el tiempo, aprendió a adaptarse: desarrolló estrategias para escribir con la mano izquierda y mantener una vida independiente. “He desarrollado métodos para que mi discapacidad no sea una discapacidad, sino todo lo contrario, que yo pueda hacer todo lo que quiero en mi vida”, señaló. Tras ejercer como abogada en Venezuela, hace once años se trasladó a Estados Unidos, donde actualmente trabaja como profesora de secundaria.

Un mensaje para quienes sobrevivieron al terremoto

Además de participar en la recolección de ayuda humanitaria para las víctimas del reciente desastre de 2026, Páez Pumar envió un mensaje de esperanza a quienes resultaron heridos o perdieron a familiares. La docente pidió paciencia durante el proceso de recuperación física y emocional, y destacó la importancia del acompañamiento de la familia y la comunidad. “Cada día que uno avanza, aunque dé un pasito muy pequeño, va a ser un gran logro. Tienen que estar convencidos de que tienen lo más preciado, que es estar vivos”, expresó.

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