Las pequeñas y medianas empresas (pymes) se han convertido en uno de los blancos más frecuentes de los ciberdelincuentes en el Perú. Solo en 2024, se registraron más de 45.5 mil millones de intentos de ciberataques en el país, según Fortinet. Las principales amenazas incluyen el phishing, el ransomware y la automatización de ataques a través de Inteligencia Artificial (IA). A pesar de este escenario, muchas pymes aún operan sin políticas de seguridad claras, lo que incrementa su nivel de exposición a este tipo de riesgos.
Esta vulnerabilidad responde no solo a limitaciones técnicas, sino también a una falta de cultura preventiva en ciberseguridad. “Las pymes peruanas enfrentan ciberataques por contraseñas débiles, acceso no autorizado y ausencia de capacitación al personal, lo que las convierte en blanco fácil de ingeniería social y ataques por fuerza bruta a servicios expuestos, es decir, de recibir múltiples ataques en un corto periodo de tiempo”, señala Jimmy Armas, director de la maestría en Ciberseguridad y Gestión de la Información de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC).
Para reducir estos riesgos, Armas explica 5 medidas básicas, accesibles y efectivas que cualquier pyme puede adoptar sin necesidad de grandes inversiones tecnológicas. La primera es implementar contraseñas seguras con autenticación de doble factor: esta combinación mejora significativamente la protección frente a intentos de acceso no autorizados, incluso si la contraseña ha sido vulnerada. La doble verificación se da al enviar un código de seguridad a un número telefónico, una llamada telefónica o pedir una verificación facial.
La segunda medida es actualizar todos los sistemas y programas de forma periódica. Mantener el software al día cierra brechas de seguridad que pueden ser explotadas por ciberatacantes. Los proveedores de programas suelen aplicar parches, subsanar vulnerabilidades con cada actualización.
Armas enfatiza que “las pequeñas empresas deben concientizarse sobre que proteger su información no es un lujo, sino una necesidad operativa. No basta con instalar un antivirus sino en construir una cultura en ciberseguridad en toda la organización”. Para ello, recomienda “establecer políticas internas claras, automatizar los respaldos, restringir los accesos según roles y contar con un plan de respuesta ante incidentes. Solo así podrán garantizar la continuidad de sus operaciones frente a cualquier amenaza digital”.
Una de las prácticas fundamentales es realizar respaldos de información de manera regular y en ubicaciones fuera de línea. Esta medida permite recuperar datos críticos ante un ataque de ransomware o pérdida de información, y puede ejecutarse en discos duros externos o servidores desconectados de internet. Asimismo, se recomienda instalar soluciones antivirus y firewalls gratuitos pero confiables, como Microsoft Defender, ClamAV o UFW, que ofrecen una defensa básica sin comprometer el presupuesto. Es crucial descargarlos desde sus sitios web oficiales para evitar programas piratas.
La capacitación del equipo en prevención y detección de fraudes digitales es otro pilar. Instruir al personal para reconocer correos sospechosos, enlaces maliciosos y prácticas de phishing reduce el riesgo de error humano. Estas acciones deben ser proactivas y no esperar a que ocurra un incidente cibernético para comenzar a formar a los equipos.
En caso de un ataque, la rapidez es clave. Las pymes deben desconectar los sistemas comprometidos, contactar a profesionales especializados, cambiar todas las credenciales, comunicar posibles filtraciones a sus clientes y reportar el incidente a las autoridades correspondientes.
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