Con 796 distritos declarados en estado de emergencia por el Gobierno ante el riesgo de intensas precipitaciones, el fortalecimiento de la infraestructura vuelve a ser una prioridad para mitigar el impacto del Fenómeno de El Niño en el Perú. Especialistas en ingeniería advierten que, pese a las intervenciones ejecutadas desde el Fenómeno de El Niño Costero de 2017, persisten desafíos en prevención, mantenimiento de obras y planificación territorial para afrontar futuros eventos climáticos.
El decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Politécnica del Perú y expresidente del Colegio de Ingenieros del Perú, Juan Fernán Muñoz, señaló que la prioridad debe centrarse en obras que reduzcan la vulnerabilidad antes de que ocurra una emergencia. Entre las acciones clave mencionó la limpieza y descolmatación de ríos, el mantenimiento de canales, el mejoramiento de los sistemas de drenaje pluvial, la construcción de defensas ribereñas y la estabilización de taludes en zonas expuestas a inundaciones y deslizamientos.
“Cuando el suelo se satura pierde capacidad portante y eso puede generar asentamientos, grietas y afectar la estabilidad de las estructuras. Los rellenos sin compactación adecuada y los terrenos arcillosos son especialmente sensibles a este proceso”, explicó el especialista.
Muñoz sostuvo que otro reto pendiente es fortalecer la planificación territorial para evitar la expansión urbana en quebradas, laderas y márgenes de ríos, sectores considerados de alto riesgo durante temporadas de lluvias intensas. La falta de mantenimiento de las defensas existentes y la ocupación desordenada del territorio agravan la exposición de la población a deslizamientos e inundaciones, según el experto.
El ingeniero Muñoz advirtió que gran parte de las viviendas del país ha sido edificada mediante autoconstrucción, lo que incrementa la vulnerabilidad cuando no se cumplen criterios técnicos de resistencia estructural y manejo de aguas pluviales. Mejorar la calidad constructiva y ampliar la asistencia técnica permitiría incrementar la capacidad de respuesta de las edificaciones frente a eventos climáticos extremos, indicó el especialista. En esa línea, planteó avanzar hacia una gestión articulada de las cuencas hidrográficas, integrando obras de drenaje, defensas ribereñas, estabilización de taludes y mantenimiento permanente, en lugar de intervenciones aisladas. “La planificación urbana no puede ser reactiva. Reconstruir no significa volver a construir lo mismo, sino incorporar mejores estándares, gestionar adecuadamente el agua y fortalecer el mantenimiento de la infraestructura para reducir la vulnerabilidad frente a futuros eventos climáticos”, afirmó. Como parte de esta estrategia, Muñoz señaló que trabaja en una propuesta para que las universidades fortalezcan la investigación aplicada en gestión del riesgo de desastres y amplíen la asistencia técnica en zonas donde predomina la autoconstrucción.
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