El sector hidrocarburos enfrenta un desafío que va más allá de implementar buenas prácticas sostenibles: la baja visibilidad de sus acciones. Así lo reveló Datum internacional durante el foro organizado por la Cámara Oficial de Comercio de España en Perú, en alianza con Gestión, donde se abordó la economía circular como nuevo eje de éxito. Los expertos coincidieron en que no basta con dar pasos aislados; es crucial que estas prácticas se articulen y escalen a lo largo de toda la cadena de valor.
En el panel “Desafíos y oportunidades de circularidad a lo largo de la cadena de valor: sector hidrocarburos”, Marcos Alegre, director del Grupo GEA, explicó que los impactos ambientales más críticos se concentran en la fase extractiva, pero que la economía circular debe ser un enfoque transversal. “En términos de los retos upstream (exploración y producción), tenemos medición de agua de producción o gestión de los residuos. Esto es más o menos transversal, porque la eficiencia energética, toda actividad humana, toda actividad productiva, usa energía”, señaló.
Alegre añadió que la línea base del sector no es cero: “Dentro de los sectores transversales están los proveedores y gestores de residuos y otros actores de la cadena, como la academia, las CITE, las entidades de investigación y los reguladores: OEFA y los ministerios”. De esta manera, el especialista subrayó que la circularidad debe integrar a todos los eslabones, desde la producción hasta la regulación, para que el sector hidrocarburos redefina su enfoque sostenible de manera efectiva.
Martín Mejía, CEO de Cálidda, subrayó que el gas natural cumple un rol clave como energía de transición, ya que impulsa la sustitución de combustibles más contaminantes como diésel y GLP. Describió que su empresa también incorpora iniciativas de economía circular con impacto social, y destacó que la estrategia de sostenibilidad no es entendida únicamente como compromiso ambiental, sino como eje estructural del negocio.
No obstante, se plantea que la circularidad no debe depender de la regulación, sino consolidarse como palanca de competitividad. En esa línea, Diego Meneses, country manager de OCA Global Perú, enfatizó que su mayor aporte está en habilitar la circularidad en terceros, a través de servicios de consultoría ambiental, que permiten extender la vida útil de algunos elementos y mejorar la eficiencia. “Nuestra contribución es que, a través de nuestros servicios, ayudamos a los clientes a que mantengan sus activos adecuadamente: tuberías, plantas de gasificación, estaciones de servicio, lo cual contribuye a una eficiencia operativa y a no tener, por supuesto, pérdidas de ninguna instancia [...]. Y, del otro lado, también con los servicios medioambientales contribuimos en la consultoría ambiental, ayudamos a nuestros clientes a que empiecen a hacer emisiones de carbono”, contó. Vincula, en suma, la economía circular con la optimización operativa y la reducción de costos.
Por último, Carlos González, presidente de la Cámara de Turismo de Cusco, aportó una visión crítica: la desconexión entre el esfuerzo del sector privado y la gestión pública. Cuestionó, por tanto, la baja calidad del gasto estatal y la alta informalidad.
En otro espacio, moderado por Vanessa Macher, directora general de Pacto Global, se abordaron “Aprendizajes desde la experiencia empresarial”, donde se describió cómo el sector privado está rediseñando procesos, revalorizando residuos y generando impactos económicos, ambientales y sociales. Allí, Victoria Aragón, gerente senior de Producción de la Refinería La Pampilla – Repsol, destacó el reaprovechamiento del agua tratada para el riego de áreas verdes y la transformación de lodos en compost usado como abono. También subrayó la reutilización de materiales, como uniformes reciclados convertidos en nuevos productos y mangueras contra incendios transformadas en billeteras o llaveros. En ese ecosistema, Impulsared es un programa que brinda a mujeres en situación vulnerable la oportunidad de trabajar y alcanzar independencia. Segundo Dávila, director de planta Perú LNG, centró su intervención en cómo la compañía desarrolló un sistema para recuperar etano a partir del propio gas natural licuado. Previamente, se propuso entender la economía circular como una red de impactos que incluye efectos como la reinversión de ingresos en economías locales. Su principal llamado, subrayó, es visibilizar el rol del empresariado.
Lucas Escrivá, CEO de Tizona BioEnergy, detalló que su modelo de negocio se basa en la revalorización del aceite de cocina usado, un residuo altamente contaminante que recolectan para transformarlo en biodiésel de segunda generación. Los sectores que atienden incluyen restaurantes, centros de procesamiento, industrias alimenticias y centros comerciales. “Hemos eliminado un modelo lineal que era lo compro, lo consumo y lo desecho, y hemos pasado a un sistema en el cual tomamos parte del producto, recuperamos el etano para utilizarlo internamente”, señaló. Este cambio les otorga “una flexibilidad enorme para poder responder a las demandas que toda la cadena de valor a veces nos exige, subir el caudal, bajar el caudal, hacer ajustes, optimizaciones”, agregó. Escrivá destacó que ahora cuentan con “un modelo que es mucho más resiliente porque podemos responder en tiempo y forma a las demandas”. No obstante, identificó como uno de los principales retos la informalidad, que compite sin trazabilidad y distorsiona el mercado, lo que los llevó a ofrecer incentivos económicos para asegurar la recolección formal.
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