La última novela de Ulises Gutiérrez, Nuestra luz en la noche (Alfaguara), es un proyecto que celebra la riqueza cultural del mundo andino desde el asombro, no desde la tragedia. En diálogo con La República, el escritor explicó que la obra gira en torno a un fenómeno celeste: el paso del cometa Halley en 1986. Sin embargo, más que la trama, lo que destaca es la narración, marcada por la oralidad andina y su cadencia mágica, que consolida el estilo de uno de los autores más relevantes de la narrativa peruana contemporánea.

Ulises Gutiérrez. Foto: Difusión. Foto del autor

Gutiérrez contó que la novela está narrada, en parte, desde la cercanía discursiva del diario como registro. “Yo no quería que mis personajes sonaran como sabios, como historiadores. Quería que se expresaran con familiaridad”, señaló. Para la sección de los diarios de Luis, recurrió a sus recuerdos de infancia: “No fue difícil porque no tuve que inventar mucho. Lo que sí quise hacer es que mi personaje hablara como yo hablaba en 1986. Eso sí lo tuve muy presente desde que empecé a escribir Nuestra luz en la noche”.

El escritor también reveló que Colcabamba, el pueblo que ya había aparecido en su narrativa como escenario secundario, es ahora el eje protagónico de la obra. “Esta es una deuda personal que tenía. No le había dedicado muchas páginas a Colcabamba, en donde fui feliz”, afirmó. “Tenía pensado escribir algo que sucediera ahí. En mis cuentos, Colcabamba ha estado presente, pero quería darle más protagonismo, solo que no encontraba cómo hacerlo”.

La idea inicial de la novela, explicó Gutiérrez, surgió mientras leía a los cronistas españoles. “Cieza de León cuenta la noche en que Atahualpa ve un cometa y entra en pánico, porque se acuerda de que su papá, Huayna Cápac, murió poco después de que viera un cometa también. Y Atahualpa efectivamente muere dos semanas después de ver el cometa”, relató. A partir de esa imagen, el autor encontró el gancho narrativo: el cometa Halley, un ícono generacional, pasó en 1531 y Atahualpa murió en 1533, por lo que es probable que el inca haya visto ese mismo cometa. Así, la historia del universo que narra Nuestra luz en la noche parte de un fenómeno celeste que conecta el pasado andino con el presente.

-Si hablamos de 1986, nos referimos a la etapa del terrorismo en Perú. Este aspecto en la novela está en su segundo plano.

—El tema del terrorismo lo he abordado en otros libros. Si ponía esa etapa en esta novela, le hubiera restado a lo que quería hacer. Yo he vivido la época de Sendero, los he visto actuar. Como escritor no me llama la atención. A mí nadie me va a contar esa etapa porque la he vivido, pero no forma parte de mis temas permanentes.

-Del mundo andino se tiene una imagen nostálgica, poco feliz. Pero el mundo andino que retratas, y no solo en este libro, es feliz.

—Es que el mundo andino es un mundo feliz. No es un mundo resentido. Yo vengo de un pueblo tan pobre como Colcabamba. Mi familia era campesina, como la que cuento en la novela. Yo he trabajado la tierra con mi padre y mi madre. He cosechado papas, he vendido en los mercados.

-Aquí nadie te puede hablar de sufrimiento.

—Exacto. He venido a Lima, he vivido en la residencia universitaria de la UNI, me he ganado la vida yo solo. Yo tendría que contar historias de marginación, de gente rica contra gente pobre; pero eso no me ha pasado a mí. Yo no podría contar algo que no me ha pasado.

-Hay muchas novelas peruanas sobre ese periodo ochentero.

—A cada rato se explotan esos temas. No lo entiendo. El mundo andino es más rico que la tristeza y las bombas.

"Nuestra luz en la noche". Imagen: Difusión.

"Nuestra luz en la noche". Imagen: Difusión.

-La narración, la oralidad que la sostiene, es muy fresca, muy contemporánea.

—En Colcabamba estaba la mezcla de lo andino con lo español. No éramos una familia con recursos, pero había libros en mi casa; cantábamos huaynos y escuchábamos rock. No estábamos desconectados del mundo. A mí el rock me despierta sensaciones. Cuando escuchaba a The Cure no entendía lo que cantaba Robert Smith, pero entendía que estaba cantando una canción muy profunda. Yo solía mirar el paisaje nocturno de Colcabamba escuchando The Cure.

-Esta es una novela grande y ambiciosa. Lo que en el fondo hacen tus narradores es contar la historia del universo.

—Quería contar una historia que empezara desde la muerte de Atahualpa hasta 1986. Quería contar la peruanidad, de esa mezcla de reinos que somos todos. Por eso en la novela está la historia de los Chancas y los Chachapoyas, por ejemplo. Mis personajes son una mezcla de esas sangres que terminan llegando a 1986. Eso es lo que quise hacer: mostrar la peruanidad de la que estamos hechos.

—Sí, yo creo que sí —responde Ulises Gutiérrez cuando se le pregunta si le debe su condición de narrador a su abuelo—. Cuando escribo, trato de plasmar en palabras su voz. Eso no lo niego. Pero también alimento mi narrativa con libros de ciencia, los relacionados con mi profesión. De esos libros saco temas que luego mezclo con mis intereses como escritor.

El autor, que se define como “un hombre de ciencias”, explica que en esta novela leyó mucha historia del Perú. “Mis narradores están en constante relación con el universo y la historia. Hay en la novela muchas tramas y todas son sostenidas por lo que has dicho, por la cadencia del lenguaje”, afirma.

—A mí me gusta la narrativa del yo; pero si de la página 15 no me dicen algo interesante, me aburro. No me gusta que se escriba desde el yo y no pasen cosas. En mi infancia escuchaba las historias que me contaba mi abuelo; eran historias con seres mágicos y muchas de esas historias mi abuelo las contaba desde el yo, desde la experiencia.

Gutiérrez señala que no es una peruanidad resentida. “Con esto no quiero decir que Nuestra luz en la noche es una novela feliz. Hay tragedia en ella también”, aclara. Y rememora: “Mi padre siempre nos decía a mis hermanos y a mí si tú eres pobre no es por culpa de fulano, o cuando seas grande tienes que vengarte de fulano. Lo que recuerdo de mi padre es siempre diciéndome tú tienes que ser profesional, yo quiero sentirme orgulloso de ti. Eso es lo que siempre me dijo mi padre. Y eso siempre ha sido mi motor como escritor e ingeniero. Ojalá estuviera vivo para que se sintiera orgulloso de este libro”.

Al comparar su obra con País de Jauja de Edgardo Rivera Martínez, el escritor reconoce que “son novelas que dialogan con la representación del mundo andino”. Sin embargo, marca una diferencia: “País de Jauja es una novela que me gusta, pero a diferencia de Claudio, que cuenta desde la alta cultura, lo que hace mi personaje Luis es narrar desde su propia voz, desde una mirada en constante asombro. Creí que así podría sonar más verosímil”.

“Yo he vivido la guerra, pero no es justo que se diga que el mundo andino es solo la guerra interna”, afirma Ulises Gutiérrez. El escritor, que ha viajado extensamente, se define como un “ciudadano del mundo” sin olvidar sus raíces. En su novela Nuestra luz en la noche, al igual que en su primer libro de cuentos The Cure en Huancayo, el mundo andino aparece desde una postura cosmopolita, en contacto con el universo y no ajeno a él. “Nunca me he alejado del mundo andino”, sostiene. La narración transcurre en una época cercana —a diferencia de la de Rivera Martínez, ambientada en los años 40— y cuenta la historia de muchas guerras, pero llega un momento en que los personajes ven un cometa o escuchan de su paso, y se ponen a pensar en el universo y cuál es su lugar en el mundo. “Yo quise contar una historia sobre la vida y el universo con un lenguaje fresco y actual”, explica. Gutiérrez destaca que “el sonido andino es cálido y muy feliz” y rechaza que se le vea solo como un mundo triste y trágico. “Todos los pueblos del mundo tienen su lado trágico, pero parece que solo se le dice trágico al mundo andino”, reflexiona. Aclara que no busca imponer esta visión, sino que responde a “una necesidad de expresión”. El autor, que ha pasado momentos muy difíciles, decidió no ser resentido: “Cuando me vienen con historias de la guerra, me quedo callado”.

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