Detrás de que un perro ladre, destruya objetos o se muestre inquieto no siempre hay simple travesura. Con frecuencia, esas conductas reflejan estrés provocado por situaciones cotidianas que los dueños pasan por alto, como la forma de saludarlo o los cambios en su rutina. La veterinaria Allie Montenegro detalla cinco hábitos humanos que, sin que los dueños lo noten, pueden aumentar la ansiedad de sus mascotas y alterar su seguridad emocional.
“Muchas veces queremos ayudarlos, pero terminamos reforzando miedos o generando inseguridad sin darnos cuenta”, advierte la especialista. Según explica, los perros son animales de rutina y muy sensibles al comportamiento de sus dueños. El primer hábito es cambiar sus horarios: alterar las rutinas de comida, paseos o descanso genera inseguridad porque el animal no sabe qué esperar de su día a día. El segundo es no respetar cuando pide espacio: forzar abrazos, caricias o juegos cuando no los busca aumenta su incomodidad y afecta la confianza que tiene con su dueño.
El tercer factor es dejarlo solo por varias horas: pasar largos periodos sin compañía provoca angustia, sobre todo en perros con un fuerte apego hacia sus dueños. El cuarto hábito es transmitirle el propio estrés: los perros perciben cambios en la voz, postura y emociones de las personas, por lo que vivir en un ambiente tenso afecta su bienestar emocional. La experta subraya que estos detalles cotidianos, desde la forma en que se lo saluda hasta la tensión en el hogar, pueden pasar inadvertidos para los dueños pero tienen un impacto directo en la ansiedad canina.
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