La final del Mundial 2026, que se disputará en el estadio MetLife de Nueva York, durará hora y media o 120 minutos y marcará la última vez que veamos a Lionel Messi en una Copa del Mundo. El partido coronará al bicampeón o al nuevo campeón del torneo organizado por Estados Unidos, México y Canadá. La albiceleste podría sumar su cuarta estrella, mientras que la ‘Furia’ española buscaría la segunda. La historia, las estadísticas y los nombres quedan de lado; solo importará el resultado en el césped, sin importar si se juega bonito o no.

Para los que amamos el fútbol, la magia y el arte, la presencia de Messi será eterna. Me da nostalgia y me resisto a que se retire de su selección y del fútbol. Creo que pasarán siglos para que aparezca otro extraterrestre como él.

Rodri, capitán de España, alzó la voz y declaró firme: ‘Para ser campeones no vamos a ir a admirar a Messi. Representamos a España y haremos lo posible para llevarnos la Copa a casa’. Ese mensaje va directo a los chavales, a Lamine, Cubarsí, Pedri, Gavi y todos los jugadores del Barcelona que lo tienen de ídolo. Esas palabras tienen mucho sentido y, como capitán, destraba a los más jóvenes que se están peleando por intercambiar su camiseta o saludarlo con abrazo incluido.

Es un partido de mucha pizarra. Las piernas frescas y no acalambradas sacarán ventaja. Yo, de bobo y por ser sudamericano, espero que la Scaloneta haga feliz a todo este continente. Además, hay equipo para pintarles la cara. En carácter, experiencia y recursos son mejores.

‘Bombardero, no seas cobarde ni ambiguo, deja el floro y mójate. ¿Quién gana?’, me preguntan los vagos de mi barrio en el Callao tomando su gaseosón después de una pichanguita. Lo que pasa es que están esperando que me equivoque para hacerme puré. Les jode que acierte, a pesar de que varios se han ganado sus buenos cobres con mis pronósticos en las apuestas.

En criollo, la consigna es clara: en la cancha no hay amigos ni respeto. Los argentinos quieren que Messi sienta que no se la llevará de alivio, que los récords y los Balones de Oro no les importan. Así es. Ese sentido de pertenencia y la pasión por el fútbol, que los hace únicos, contagian y enamoran. Solo es comparable con la barra peruana, considerada la mejor en Rusia 2018. Y no va a ser… Me voy, soy fuga. Mientras tanto, en el ‘Times Square’ de Manhattan, en la esquina de Broadway y la Séptima Avenida, se vivió un banderazo impresionante. Llegaron hinchas desde todas las provincias de Argentina, Europa y rincones de Estados Unidos. Todos con distintas historias y anécdotas: chicos y grandes que reventaron tarjetas de crédito, otros que vendieron el auto, entre otras cosas. Lo más curioso es que la mayoría no tenía para pagar 8 mil dólares por una entrada de reventa. Solo se conformaban con estar cerca del estadio y los suyos. Banderazo en Times Square MÁS INFORMACIÓN:

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