El mediocampista N’Golo Kanté, uno de los últimos sobrevivientes de la generación francesa campeona del mundo en Rusia 2018, vivió un Mundial 2026 para el olvido: fue convocado por Didier Deschamps pero terminó el torneo sin disputar un solo minuto. Francia jugó ocho partidos y finalizó en el cuarto lugar, mientras su histórico volante de 35 años pasó de ser pieza indispensable en aquella conquista a convertirse en un espectador.
La situación resultó aún más llamativa porque Kanté sí integró la lista de convocados y permaneció en el banco durante toda la competencia. En los primeros días presentó molestias en la rodilla que le impidieron completar algunos entrenamientos grupales, aunque luego estuvo disponible. Su ausencia, por lo tanto, no respondió únicamente a un problema físico, sino principalmente a las decisiones deportivas de Deschamps.
El seleccionador francés prefirió armar el mediocampo alrededor de Adrien Rabiot y Manu Koné. Incluso cuando Aurélien Tchouaméni quedó fuera por lesión, el primer reemplazante no fue Kanté. Koné ganó espacio dentro del equipo y Warren Zaïre-Emery también apareció por delante del campeón mundial en la consideración del comando técnico.
El contraste con el Mundial de 2018 es total. Kanté participó en los siete partidos de Francia durante aquella campaña y fue titular en la final contra Croacia. Su capacidad para recuperar balones, cubrir espacios y sostener el equilibrio del equipo lo convirtió en uno de los jugadores fundamentales del primer título mundialista francés en veinte años.
Cuatro años después, una grave lesión muscular le impidió disputar Qatar 2022. El volante tuvo que ser operado de los isquiotibiales y quedó fuera del torneo en el que Francia alcanzó nuevamente la final. Su regreso a la selección se produjo para la Eurocopa 2024, cuando Deschamps sorprendió al recuperarlo después de dos años de ausencia.
La respuesta de N’Golo Kanté tras su regreso a la selección francesa fue inmediata y contundente. En la Eurocopa, fue elegido como el mejor jugador en los dos primeros encuentros de Francia, demostrando que aún podía rendir al máximo nivel internacional. Esa actuación parecía abrirle las puertas de cara al proceso rumbo al Mundial 2026. Sin embargo, su presencia en Norteamérica terminó siendo únicamente testimonial.
El mediocampista del Fenerbahçe concluyó así el que posiblemente haya sido su último Mundial con el registro más inesperado de su carrera internacional: estuvo convocado, acompañó al equipo hasta las semifinales, pero no disputó un solo minuto. Ni siquiera en el partido por el tercer puesto ante Inglaterra, en el que Didier Deschamps realizó modificaciones y concedió minutos a futbolistas menos utilizados, Kanté logró ingresar. Francia cayó por 6-4 y cerró su participación sin que el volante abandonara el banco de suplentes. Su último recuerdo dentro del campo en una Copa del Mundo seguirá siendo, por ahora, la final que Francia ganó en Moscú en 2018.
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