
La polémica desatada por la bandera de las Islas Malvinas que mostraron los futbolistas de Argentina tras vencer 2-1 a Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026 escaló hasta el plano político internacional. Mientras el Gobierno británico pidió una investigación a FIFA, la Casa Blanca salió en defensa del plantel campeón del mundo y apeló a la libertad de expresión garantizada en Estados Unidos.
Luego del triunfo en Atlanta, varios jugadores argentinos celebraron sobre el césped con una pancarta que llevaba el mensaje “Las Malvinas son Argentinas”, reavivando una disputa diplomática que lleva décadas enfrentando a ambos países por la soberanía del archipiélago del Atlántico Sur.
Quien fijó la posición del Gobierno estadounidense fue Andrew Giuliani, jefe del grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial 2026. El funcionario aseguró que los futbolistas tienen derecho a expresar sus opiniones mientras se encuentren en territorio estadounidense. “Creemos en los derechos de nuestra Primera Enmienda aquí en los Estados Unidos de América”, declaró Giuliani. “Los jugadores argentinos tuvieron la oportunidad de hacer esas declaraciones”, añadió, en referencia a la protección constitucional de la libertad de expresión.
Las declaraciones de Giuliani contrastan con la postura del Gobierno británico. El secretario de Negocios del Reino Unido, Peter Kyle, calificó la exhibición de la bandera como una “violación flagrante” de las normas que buscan mantener la política fuera del fútbol y pidió que FIFA abra una investigación. Mientras tanto, el organismo rector del fútbol mundial analiza una posible sanción contra el seleccionado argentino.
El primer ministro Keir Starmer respaldó la posición del Reino Unido a través de su portavoz, quien reiteró desde Downing Street que la soberanía de las Islas Falkland —nombre que Londres utiliza para el archipiélago— corresponde a sus habitantes y que no se modificará la postura británica sobre el territorio. “El Mundial puede que no sea nuestro, pero las Islas Falkland definitivamente sí lo son”, señaló el portavoz, quien además sostuvo que cualquier sanción corresponde exclusivamente a FIFA, aunque remarcó que “la política debe mantenerse fuera del fútbol”. Al referirse a la final del domingo, expresó sus mejores deseos para ambos equipos, aunque añadió que apoyaba “especialmente a España”.
La controversia también recibió respuesta desde el Gobierno de las Islas Falkland. En un comunicado, las autoridades locales afirmaron sentirse “decepcionadas, aunque no sorprendidas” por la decisión de los jugadores argentinos de exhibir la pancarta. Sostuvieron que el gesto resultó especialmente insensible para muchos habitantes del archipiélago debido a las consecuencias de la guerra de 1982 y pidieron a FIFA actuar conforme a su reglamento.
Ante la polémica, FIFA confirmó que su Comisión Disciplinaria ya está evaluando los informes oficiales del encuentro y analizando las circunstancias en las que apareció la pancarta, antes de decidir si corresponde abrir un procedimiento disciplinario. El reglamento del organismo prohíbe la exhibición de mensajes políticos, ideológicos o provocadores durante las competiciones oficiales, por lo que el caso podría derivar en sanciones para la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) o para algunos integrantes del plantel.
Mientras tanto, Argentina continúa enfocada en la final del Mundial 2026 frente a España. Sin embargo, la investigación de FIFA sigue en marcha y podría resolverse una vez concluido el torneo, cuando el organismo determine si la celebración vulneró su Código Disciplinario o si no amerita ninguna sanción.
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