Con las sirenas de sus unidades encendidas en el patio de maniobras, la Compañía de Bomberos Paita 31, en la región Piura, despidió a Carbón, un perro que durante casi seis años fue parte de su equipo. El can, adoptado por los voluntarios, era el primero en subir al camión cada vez que sonaba una emergencia y solía recibir a los agentes tras cada servicio.

El jefe de la compañía, Martín Gómez, recordó que Carbón llegó a la dependencia hace aproximadamente seis años y fue acogido por los uniformados, convirtiéndose en un fiel compañero de sus jornadas. "Es una mascota que nos cuidaba en todo momento, cuando salíamos o cuando la compañía se quedaba sola. Nos deja un gran vacío, un hondo pesar", declaró Gómez.

Bomberos despiden a Carbón, perro adoptado que acompañó sus labores en Piura

La despedida se realizó en el mismo lugar donde Carbón pasó gran parte de su vida: el patio de maniobras de la estación. Allí, los bomberos encendieron las sirenas de sus unidades para darle un último adiós como a un integrante más de la familia. El animal, que solía subirse a los camiones para acompañar a los voluntarios, deja una huella imborrable entre quienes compartieron con él.

Martín Gómez, líder del equipo de bomberos, explicó a Noticias Paita 3.0 que Carbón, un can de color oscuro con manchas negras, llegó inicialmente como un visitante frecuente a la compañía para jugar con otras mascotas del lugar. “No era de nosotros, le abrimos las puertas porque venía a jugar con otra mascota que nosotros teníamos acá”, señaló. Al notar su presencia constante, los bomberos decidieron adoptarlo y velar por su seguridad. Carbón retribuía ese cuidado con afecto en los momentos más difíciles: se comportaba como un bombero más, era el primero en subir a los camiones y en recibir al equipo tras cada emergencia.

Gómez resaltó que en su compañía los animales son considerados parte de la familia, por lo que despedirlos siempre genera un dolor profundo. “Los animales son parte de la familia y despedirlos duele bastante”, afirmó. Carbón fue cargado en una camilla de rescate, se le colocó un chaleco de bombero canino y, finalmente, su cuerpo fue enterrado en un espacio dentro de la institución. “Nos deja un gran vacío”, agregó el bombero, reflejando el impacto emocional que dejó la partida del perro que acompañó sus labores durante seis años.

Leer artículo completo en larepublica.pe →