El excandidato presidencial Roberto Sánchez debería pisar tierra y reconocer que sus convocatorias a las calles son un verdadero desastre, según un editorial de este medio. Desde su derrota electoral el 7 de junio último, ha intentado en tres oportunidades “mover masas”, pero apenas logró reunir “cuatro gatos”, con más policías y curiosos que manifestantes. Las dos primeras marchas fueron ante su inminente derrota, para exigir que se “respete el voto popular”, y la tercera buscó presionar por la excarcelación, vía un ilegal indulto, del golpista Pedro Castillo, al amparo de una opinión de abogados de las Naciones Unidas.
Más que entusiasmo entre sus seguidores —que ni siquiera le dieron los votos para ser diputado por Lima—, estas movilizaciones generan problemas de tráfico vehicular debido a las medidas de prevención que adopta la Municipalidad de Lima para evitar actos vandálicos. Sánchez debe darse cuenta de que es un líder de la nada y que su llegada a segunda vuelta fue algo netamente circunstancial. En lugar de amenazar con movilizaciones que son una pérdida de tiempo, debería trabajar la última semana que le queda en el Congreso, para lo cual se le está pagando, y dejar atrás la piconería por la derrota electoral.
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