Perú cuenta con 24 acuerdos comerciales vigentes, una de las redes de tratados de libre comercio más amplias del mundo, construida durante más de tres décadas. Sin embargo, el país tiene una agenda pendiente que rara vez se discute: expandir su red de convenios para evitar la doble imposición. Mientras que Chile ha consolidado acuerdos con sus principales socios comerciales e inversionistas, Perú mantiene una cobertura limitada y no tiene este tipo de convenios con economías clave como EE. UU., España, Alemania, Francia o China.

Estos convenios reducen la incertidumbre tributaria, brindan seguridad jurídica y establecen reglas claras para la inversión entre países. En otras palabras, así como los TLC facilitan el comercio, los convenios para evitar la doble imposición facilitan la inversión. Recientemente, el Banco Interamericano de Desarrollo destacó que son una herramienta clave para fortalecer el clima de negocios, atraer capitales e impulsar el crecimiento económico. No obstante, América Latina aún los aprovecha poco, y Perú no es la excepción.

En un mundo donde los países compiten por atraer inversiones, la competitividad no depende solo de la estabilidad macroeconómica. También exige construir un marco institucional moderno que reduzca costos y genere confianza. Así como se apostó por abrir mercados, también corresponde consolidar las condiciones para atraer más inversiones. Esa debería ser otra agenda pendiente del próximo gobierno.

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