Faltan 24 horas para el pitazo inicial y la ansiedad ya devora las entrañas. Este domingo será diferente: Lionel Messi y Lamine Yamal se verán las caras en el MetLife de Nueva York, en una final del mundo que enfrenta al rey con su sucesor. Experiencia contra colágeno, furia y magia en un solo partido. Tan especial que los enfermos del fútbol ofrecen 32 mil ‘cocos’ por una entrada, mientras los ‘michi michi’ organizan cebichadas y parrilladas con sus traguitos para verlo en familia o por televisión.

Del saque somos carnecita. Lo único claro al repasar las campañas de Argentina y España es que ambos entrenadores son cracks, buenísimos, y respetan un estilo: tratan con cariño la pelota. Merecidamente han llegado hasta la final. La primera indicación de cada uno será cómo frenar a Lionel o a Lamine. La inspiración puede destrabar el resultado; la pizarra y los replanteamientos del maestro y el alumno serán claves. El continente no quiere ni suplementarios ni penales. Basta de sufrir tanto.

Estoy acelerado, cardíaco. Pero asegúrense con los pañales y agüita de azahar que otra vez toca apretar los dientes y el popó. Curuju. La posesión, las estadísticas y los apellidos no figuran en la previa de un título. Este deporte es impredecible y también injusto. Miren cómo se desinflaron Olise, Doué, Barcola y Dembélé. Tamaña presión y tensión requiere de nervios de acero, de personalidad a prueba de balas.

La Champions y las ligas tops son de nivel, pero un Mundial es arriba, arriba, para ‘Galácticos’. Solo los privilegiados suben al podio y levantan la Copa de oro puro. Repito, no es suficiente con el ‘tiki taka’. Tampoco con la guapeada. Es una mezcla de ambas cosas, y sobre todo de equivocarte menos. Esto lo definen los monstruos y los bloopers o errores. Así es.

Se va acabando este bonito Mundial y llega la pobre Liga 1, y con ella empiezan las cosas oscuras, turbias. Esa quita de puntos al Boys, ADT y FC Cajamarca es siniestra. Yo le voy a creer a esa comisión cuando le reste puntos al equipo del revendedor de entradas y los árbitros no lo favorezcan. Los puntos se ganan y pierden en la cancha. Qué feo... Me voy, soy fuga.

Por favor, a los vagos de mi barrio en el Callao, separen cancha mañana temprano para disfrazarme de Enzo y Paredes. Soy de los que salen con cabeza levantada y famoso, porque he rascado a los más pintados. Sangre caliente y raza. Esa que contagian Messi y sus compatriotas cuando están en el campo. Esas remontadas históricas en este campeonato son una lección de vida. Retroceder nunca, rendirse jamás. No me pidan resultados ni pronósticos. Mi corazón está con América, con la ‘Scaloneta’. Vale...

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