En julio de 2024, el cielo de Nueva York se iluminó con el paso de una roca espacial que explotó en la atmósfera con un fuerte estampido sónico. Uno de sus fragmentos atravesó el techo de una vivienda en Hillsborough, Nueva Jersey, y cayó en el suelo de un dormitorio. Lo que parecía un accidente extraordinario se convirtió en una oportunidad única para la ciencia: el meteorito, bautizado como Hillsborough, fue recuperado apenas minutos después de su caída, evitando la contaminación de la lluvia, el suelo y otros elementos terrestres.
La rápida reacción de la propietaria fue clave para preservar la muestra. Con guantes y papel de aluminio recogió los fragmentos y los guardó en frascos de vidrio, impidiendo que entraran en contacto con materiales que alteraran su composición química original. Ahora, un estudio publicado en Science Advances revela que esta roca espacial guarda evidencias de un pasado mucho más complejo de lo que se creía.
El análisis del Hillsborough mostró que su asteroide progenitor contenía una composición capaz de favorecer la formación de moléculas esenciales para la vida. Los investigadores identificaron sales y compuestos orgánicos que, en condiciones adecuadas, podrían haber sido los ingredientes básicos para la vida en otros mundos. La muestra, casi intacta, permitió estudiar un antiguo asteroide sin la interferencia del ambiente terrestre.
Imagen de electrones retrodispersados de una sección del meteorito rica en sales. Foto: Jenniskens et al., Sci. Adv. , 2026)
Los cálculos sobre la trayectoria del meteorito indican que procedía del cinturón de asteroides situado entre Marte y Júpiter, y su composición permitió identificar que pertenecía a la familia de los meteoritos carbonáceos CM, considerados algunos de los materiales más antiguos conservados desde la formación del Sistema Solar. “Gracias a la rápida reacción de la propietaria de la vivienda, estos son los meteoritos CM1/2 más prístinos que conocemos”, afirmó el astrónomo Peter Jenniskens, del Instituto SETI y del Centro de Investigación Ames de la NASA.
Según los investigadores, un análisis detallado de los fragmentos mostró que provenían de una zona cercana a la superficie de un pequeño asteroide primitivo. “Un estudio forense de los fragmentos reveló que contenían restos conservados de la zona cercana a la superficie de un pequeño asteroide primitivo, donde estuvo expuesto a fluidos salinos concentrados, un proceso que no se conocía anteriormente en este tipo de mundo protoplanetario”, explicó Jenniskens.
El estudio identificó inclusiones ricas en sales y minerales alterados por la acción del agua líquida hace miles de millones de años. En conjunto, estas evidencias indican que el asteroide albergó antiguas salmueras, es decir, agua con una concentración de sal incluso mayor que la de los océanos terrestres. Los científicos creen que ese ambiente favoreció el desarrollo de una química especialmente activa, capaz de generar una amplia variedad de compuestos orgánicos, entre ellos numerosos aminoácidos, moléculas consideradas fundamentales para el origen de la vida.
El meteorito atravesó el techo de una vivienda en Nueva York. Foto: SETI Institute
Los meteoritos son considerados cápsulas del tiempo porque preservan información de las primeras etapas del Sistema Solar, aunque la mayoría de los ejemplares hallados estuvieron expuestos al ambiente terrestre durante años o siglos, lo que altera sus características originales. El meteorito de Hillsborough fue una excepción: su recuperación inmediata permitió analizar una muestra excepcionalmente limpia y detectar señales químicas que normalmente se perderían por la contaminación. Los investigadores aclaran que este meteorito no demuestra cómo surgió la vida, pero ofrece nuevas pistas sobre el entorno químico que pudo favorecer la formación de moléculas necesarias para ese proceso.
Los autores del estudio señalan que aún es posible que algunos compuestos hallados en las salmueras sean restos químicos de antiguas colisiones sufridas por el asteroide. Además, reconocen que comprender completamente su origen y su relación con otros meteoritos de la familia CM requerirá futuras misiones espaciales. Aun así, el meteorito aporta evidencia valiosa de que incluso pequeños asteroides primitivos pudieron albergar agua salada y procesos químicos complejos mucho antes de que apareciera la vida en la Tierra. Esto refuerza la idea de que estos cuerpos celestes pudieron transportar algunos de los ingredientes esenciales que hicieron posible su surgimiento.
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