El economista Carlos Adrianzén advierte que, si bien aún no es posible cuantificar el costo económico que podría generar el Fenómeno de El Niño, un evento climático de gran intensidad afectaría la agricultura, la pesca, la infraestructura y el crecimiento del país. A esto se suma la falta de capacidad del Estado para ejecutar medidas preventivas de manera eficiente, señaló en entrevista con La República.

Las recientes advertencias del presidente del Banco Central de Reserva (BCR), Julio Velarde, sobre los riesgos económicos asociados al Fenómeno de El Niño han reabierto el debate sobre la capacidad del Perú para enfrentar un evento climático de gran magnitud. Para Adrianzén, aunque todavía no existen elementos suficientes para calcular el costo económico que podría generar este fenómeno, sí existen señales que obligan a tomar previsiones desde ahora.

En ese sentido, el especialista explicó que cualquier estimación sobre el impacto económico todavía está sujeta a un alto nivel de incertidumbre debido a que la intensidad del fenómeno continúa siendo monitoreada. "La especulación que es posible hacer va a ser resultado de información incompleta, es decir, va a tener alta probabilidad de falla hacia arriba o hacia abajo", afirmó.

Adrianzén sostuvo que, independientemente de la intensidad que finalmente alcance El Niño, un país con infraestructura adecuada y planificación preventiva debería ser capaz de reducir considerablemente sus efectos sobre la economía. Sin embargo, consideró que esa no es actualmente la situación del Perú.

La intensidad del evento climático y la capacidad de respuesta del país serán determinantes para limitar las pérdidas en la producción, el empleo y la actividad económica.

Según Adrianzén, el impacto económico no dependerá únicamente de las lluvias o del incremento de la temperatura del mar, sino también de la capacidad institucional para responder oportunamente. "En un país donde se hubiera hecho un adecuado trabajo de preparación, los efectos del Niño serían marginales", señaló. En ese contexto, recordó que el Fenómeno de El Niño de 1983 produjo una fuerte caída de la actividad económica en el norte del país y que la recuperación tomó varios años.

El presidente del Consejo de Ministros sostuvo que la experiencia internacional demuestra que los fenómenos climáticos extremos no necesariamente derivan en crisis económicas cuando existen instituciones sólidas y políticas de prevención sostenidas. Países con infraestructura resiliente y sistemas eficientes de gestión del riesgo suelen reducir las pérdidas sobre la producción, el empleo y la inversión, incluso frente a eventos naturales de gran magnitud. Como ejemplo, mencionó a economías como Noruega y Suecia, donde este tipo de eventos no generan el mismo nivel de afectación gracias a una planificación de largo plazo y una respuesta institucional más eficiente. A su juicio, esa diferencia explica por qué un mismo fenómeno climático puede tener consecuencias económicas mucho más severas en países con mayores brechas de infraestructura y menor capacidad de gestión pública.

Carlos Adrianzén advirtió que el aumento de las temperaturas también podría elevar los costos sanitarios por la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos.

Carlos Adrianzén advirtió que el aumento de las temperaturas también podría elevar los costos sanitarios por la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos. En esa línea, sostuvo que la eficiencia del gasto público será determinante para reducir las pérdidas económicas que pueda ocasionar el fenómeno. A su juicio, los problemas de corrupción y de gestión en distintos niveles del Estado limitan la ejecución de obras de prevención y retrasan la respuesta frente a las emergencias, lo que termina incrementando los costos para la economía y prolongando la recuperación de las zonas afectadas.

Adrianzén advirtió que, si el fenómeno alcanza la intensidad que proyectan algunos escenarios, las consecuencias económicas serían particularmente severas porque la mayor parte de la producción nacional se concentra en la costa. “Va a hacerle mucho daño al 75% de la producción peruana, que es la costa. Entonces te va a mandar a un hoyo recesivo”, afirmó. El economista recordó que, durante eventos previos, “el PBI del norte peruano se cayó en 25%. Toda la costa norte se dañó (…) y pasaron cinco años, casi diez, y no se recuperó la infraestructura”.

Para el especialista, los efectos económicos ya comienzan a percibirse en algunas actividades productivas, aunque todavía no es posible medir su verdadera magnitud. Explicó que la agricultura y la pesca son los sectores más expuestos por su dependencia de las condiciones climáticas, mientras que posteriormente podrían verse afectados el transporte, el comercio y otros servicios vinculados a la cadena de abastecimiento. Además, el aumento de la temperatura también podría generar mayores costos para el país debido a la aparición de enfermedades transmitidas por mosquitos, lo que incrementaría la presión sobre el sistema de salud y afectaría la productividad laboral. “Sube la temperatura manteniendo los niveles de humedad y automáticamente aparecen los mosquitos… son transmisores de enfermedades que pueden aumentar la factura y los costos”, indicó.

Como parte de sus conclusiones, Adrianzén consideró que el país debe priorizar acciones preventivas antes que respuestas de emergencia, aunque expresó dudas sobre la capacidad del aparato estatal para ejecutar dichas medidas con eficacia.

Durante la entrevista, Adrianzén subrayó que el verdadero desafío no es solo lidiar con un fenómeno climático extremo, sino evitar que las fallas en infraestructura, planificación y gestión pública agraven su impacto sobre la economía. En ese sentido, la lucha contra la corrupción es clave para enfrentar un evento de gran magnitud, pues una administración eficiente de los recursos permitiría ejecutar obras de prevención más rápido y atender emergencias sin encarecer innecesariamente el costo para el país. “Lo central es que el Niño viene muy fuerte… Hay que adelantar a la población de lo que viene”, concluyó. En este escenario, la preparación de empresas, productores y ciudadanos será determinante para reducir pérdidas y acelerar la recuperación cuando el evento climático ocurra.

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