Un líquido de color rojo oscuro brota desde el extremo del glaciar Taylor, en el gélido y árido paisaje de la Antártida, tiñendo el hielo con vetas que parecen sangre y permaneciendo en estado líquido pese a las temperaturas muy por debajo del punto de congelación. Este fenómeno, conocido como Cataratas de Sangre, ha sido un enigma durante más de un siglo, pero una nueva investigación publicada en la revista Antarctic Science reveló cómo la salmuera llega desde el interior del glaciar hasta la superficie.
El geólogo australiano Griffith Taylor, quien descubrió las Cataratas de Sangre en 1911, creyó inicialmente que el color rojizo se debía a la presencia de algas. Sin embargo, investigaciones posteriores demostraron que no se trataba ni de sangre ni de microorganismos. El fenómeno tiene su origen en una salmuera rica en hierro que quedó atrapada bajo el extremo norte del glaciar Taylor hace al menos 1,5 millones de años. Los científicos creen que se trata de una antigua bolsa de agua de mar que quedó aislada cuando el glaciar avanzó y terminó sellada bajo el hielo.
Además de su llamativo aspecto, este flujo de salmuera alberga microorganismos que han permanecido aislados de la luz solar durante más de 1,5 millones de años, sobreviviendo en un ambiente casi sin oxígeno. Las Cataratas de Sangre se han convertido en un sitio de estudio clave para entender la vida en condiciones extremas.
Esquema de las Cataratas de Sangre y sus comunidades microbianas subglaciales. Foto: Wikimedia
El misterio de las Cataratas de Sangre, en la Antártida, comenzó a resolverse cuando los científicos descubrieron que el agua que alimenta el fenómeno se volvió extremadamente salina con el paso del tiempo. Esa alta concentración de sales redujo su punto de congelación, permitiéndole permanecer líquida incluso en uno de los lugares más fríos del planeta. Al alcanzar la superficie, la salmuera entra en contacto con el oxígeno del aire y el hierro se oxida —similar al óxido en los metales—, generando el característico color rojo que hizo famoso a este flujo.
Un recorrido de 300 metros bajo el hielo
Durante décadas, los científicos no lograban explicar cómo la salmuera conseguía ascender desde cientos de metros bajo el glaciar hasta la superficie. En 2017, un equipo liderado por investigadores de la Universidad de Alaska Fairbanks utilizó tecnología de radar para estudiar el interior del glaciar Taylor. Las mediciones identificaron un recorrido de aproximadamente 300 metros formado por canales presurizados que conectan el reservorio subglacial con las Cataratas de Sangre. Ese estudio también resolvió otra incógnita: cómo puede fluir agua líquida a través de un glaciar tan frío. Aunque la elevada salinidad dificulta su congelación, las pequeñas porciones de agua que sí llegan a congelarse liberan calor. Ese calor calienta el hielo que rodea el canal y ayuda a mantener abierta la vía por la que circula la salmuera. "Aunque parezca contradictorio, el agua libera calor al congelarse, y ese calor calienta el hielo circundante más frío", explicó Erin Pettit, glacióloga y miembro del equipo. "El glaciar Taylor es ahora el glaciar conocido más frío que mantiene un flujo de agua constante."
Imágenes de lapso de tiempo de las Cataratas de Sangre. Foto: Doran et al., Antarct. Sci. , 2026
Un ecosistema aislado durante más de un millón de años
Bajo el hielo de la Antártida, a cientos de metros de profundidad, existe un ecosistema microbiano que ha permanecido prácticamente aislado del mundo exterior durante más de un millón de años. En ese entorno extremo, sin oxígeno y sin luz solar, las bacterias logran sobrevivir obteniendo energía a través de reacciones químicas que involucran compuestos de azufre y hierro. La microbióloga Jill Mikucki, de la Universidad de Tennessee, dedicó varios años a obtener muestras de agua de este ambiente único. Los análisis confirmaron la presencia de una comunidad de microorganismos activa y perfectamente adaptada a las condiciones del glaciar.
Estas Cataratas de Sangre, que llaman la atención por su color rojizo, se han convertido en un laboratorio natural clave para la astrobiología. Los científicos creen que ecosistemas similares podrían existir en otros lugares del sistema solar. Por eso, este fenómeno ofrece un modelo para entender cómo podría desarrollarse la vida en ambientes helados y sin oxígeno, como el subsuelo de Marte o el océano oculto de Europa, una de las lunas de Júpiter.
La presión bajo el hielo impulsa las Cataratas de Sangre
El estudio más reciente, liderado por el geocientífico Peter Doran, de la Universidad Estatal de Luisiana, se enfocó en descifrar cómo la salmuera logra escapar del interior del glaciar Taylor. Para ello, en septiembre de 2018, los investigadores reunieron datos de tres sistemas de observación que operaron de forma simultánea cerca del glaciar. Una estación GPS midió los movimientos de la superficie, una cámara fotografió diariamente las Cataratas de Sangre y sensores de temperatura registraron las condiciones en el lago que se encuentra bajo el hielo.
Los investigadores concluyeron que la salmuera atrapada bajo el hielo del glaciar Taylor acumula presión de forma gradual hasta liberarse en pulsos. Cada episodio modifica ligeramente la superficie del glaciar y ralentiza temporalmente su movimiento, antes de que el proceso vuelva a comenzar. Aunque ninguno de los equipos instalados estaba diseñado para registrar una descarga de salmuera, la coincidencia permitió observar en tiempo real la reacción del glaciar durante uno de estos eventos. En las semanas siguientes, la superficie del glaciar descendió unos 15 milímetros y su velocidad de avance disminuyó cerca de un 10%. Al mismo tiempo, los sensores detectaron una anomalía repentina en la temperatura del lago y las imágenes mostraron la aparición casi diaria de nuevas manchas rojizas alrededor de las Cataratas de Sangre.
Los autores del estudio consideran que el seguimiento continuo de las Cataratas de Sangre permitirá comprender mejor la dinámica interna del glaciar Taylor. Observar cómo cambia la frecuencia e intensidad de estos episodios podría ofrecer nuevas pistas sobre la presión del agua atrapada bajo el hielo y sobre la evolución del glaciar con el paso del tiempo. Si futuras investigaciones confirman esta relación, las Cataratas de Sangre podrían convertirse en un valioso indicador natural para detectar cambios que ocurren en las profundidades del glaciar Taylor y ayudar a comprender mejor uno de los entornos más extremos y enigmáticos de la Antártida.
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