El terremoto de magnitud 7,4 registrado el 17 de julio al suroeste de Huixtla, Chiapas, no solo sacudió al sur de México, sino que desató una secuencia de movimientos telúricos que reavivó el interés de los investigadores por los enjambres sísmicos. El evento principal, detectado por el Servicio Sismológico Nacional (SSN) a las 8.48 a. m., tuvo epicentro a 135 kilómetros de Ciudad Hidalgo y una profundidad de apenas 10 km, lo que provocó que se sintiera con fuerza en varias regiones del país y activara una alerta de tsunami en el Pacífico.

Lo que más llamó la atención fue la intensa actividad sísmica que se desató inmediatamente después. Apenas tres segundos después del primer impacto, a las 08.48, una réplica de 6,8 golpeó a 95 kilómetros de Huixtla. A las 9.14 a. m. se registró un sismo de 5,8, y sesenta segundos más tarde, dos movimientos consecutivos de 5,2 y 6,5. Hacia el mediodía, en solo una hora y doce minutos, el SSN contabilizó 39 réplicas con magnitudes que oscilaron entre 4,5 y 6,5.

Arturo Iglesias Mendoza, jefe del SSN, explicó al medio Telediario que los sismos en distintas localidades chiapanecas, como Huixtla, podían considerarse réplicas del evento principal de 7,4. La actividad continuó durante toda la jornada y mantuvo en alerta a las autoridades de Protección Civil, mientras el fenómeno —que ocurre cuando múltiples temblores sacuden una misma zona en un corto periodo— despertaba dudas sobre un posible enjambre sísmico.

Tras el fuerte sismo en Chiapas, la intensa actividad de réplicas despertó dudas sobre un posible enjambre sísmico

¿Qué es un enjambre sísmico y cómo se diferencia?

Un enjambre sísmico rompe el patrón habitual de los terremotos, donde un sismo principal de gran magnitud es seguido por réplicas que decrecen en intensidad. En lugar de eso, los especialistas lo definen como la ocurrencia de múltiples eventos en una zona delimitada y en un periodo breve, sin que exista un único temblor que destaque sobre los demás. Decenas o cientos de movimientos de magnitudes parejas se suceden de forma constante, y la actividad puede prolongarse durante días, semanas o incluso meses.

El origen de estos patrones atípicos se asocia al movimiento de fluidos o gases a través de fracturas en la corteza terrestre. Cuando el agua subterránea se infiltra en las uniones rocosas, altera la presión hidrostática y acelera los procesos de ruptura. Esta dinámica explica por qué la falla experimenta fricciones consecutivas y mantiene el enjambre en evolución.

¿Puede anticipar un terremoto de mayor magnitud?

La pregunta que genera mayor inquietud entre la población es si este tipo de actividad sísmica puede adelantar un terremoto más destructivo. Los científicos de la UNAM y del SSN sostienen que, en la inmensa mayoría de los casos, los enjambres funcionan como una válvula de escape que libera tensión de manera gradual.

Sin embargo, los especialistas mantienen una vigilancia constante. En situaciones excepcionales, esta secuencia de movimientos de mediana intensidad puede actuar como sismos premonitores. Estos eventos debilitan la fricción de una falla mayor antes de que se produzca un terremoto de gran escala.

La actividad sísmica en Chiapas es cotidiana, pero eventos como el enjambre del 17 de julio mantienen a los investigadores en alerta máxima. La explicación de esta constante agitación está en la tectónica de placas: Chiapas se asienta en una de las regiones geológicas más complejas del planeta, donde interactúan tres placas principales: la de Cocos, la de Norteamérica y la del Caribe. El proceso dominante es la subducción: la placa de Cocos se desliza por debajo de la placa de Norteamérica, un roce constante que acumula cantidades masivas de energía. Cuando las rocas subterráneas superan su límite de resistencia, esa energía se libera en forma de ondas sísmicas.

Dado que la ciencia actual no puede predecir los sismos, el monitoreo en tiempo real y la prevención se mantienen como las herramientas más efectivas. Por ello, la Coordinación Nacional de Protección Civil desplegó cuadrillas de inspección estructural en Chiapas, Oaxaca y otras entidades para evaluar posibles daños en infraestructura. Esta fricción continua explica que estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero concentren la mayor cantidad de sismos perceptibles en México. La profundidad del terremoto de este viernes, de solo 10 kilómetros, amplificó la percepción de las ondas en la superficie, sumando un factor de alerta a los investigadores.

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