En un contexto de tensiones geopolíticas persistentes, los mercados financieros mantienen una estabilidad que contrasta con episodios históricos similares. El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha generado volatilidad durante el año, pero sus efectos resultan cada vez más breves y acotados. Hoy, el S&P500 cotiza cerca de sus máximos, los spreads de crédito se mantienen contenidos y el petróleo muestra una estabilidad considerable, una reacción distinta a la que se habría visto en el pasado.
Según Antonio Risso, director de Wealth Management de Credicorp Capital, “los activos seguirán respondiendo principalmente a los fundamentales: crecimiento económico, inflación, política monetaria y utilidades corporativas”. En otros momentos, una escalada en Medio Oriente habría impulsado un alza sostenida del precio del petróleo, mayor aversión al riesgo y revisiones a la baja en las expectativas de crecimiento global. Ahora, los inversionistas parecen concluir que, salvo una interrupción significativa de la oferta energética, los riesgos geopolíticos no alteran la tendencia de los mercados.
La clave de esta aparente desconexión está en el petróleo. Aunque el estrecho de Ormuz sigue siendo una ruta energética crucial, la cotización del Brent se ha mantenido estable frente a episodios pasados. Este comportamiento responde a factores estructurales. La disciplinada política de producción de la OPEP no solo sostiene el precio del crudo, sino que refleja un interés por preservar su participación en el mercado frente al crecimiento de otros productores. Estados Unidos, con una producción cercana a 14 millones de barriles por día, es hoy el mayor productor mundial, lo que reduce el riesgo de déficits prolongados y limita la sensibilidad del precio ante interrupciones temporales.
Además, los niveles de inventario son consistentes: la presencia de superpetroleros esperando compradores en el Océano Índico evidencia que hay oferta suficiente, lo que limita la prima de riesgo en el precio del crudo. Por otro lado, la demanda global es menos dependiente de China. La moderación del crecimiento económico y la transición hacia un modelo menos intensivo en energía han reducido el impulso que el gigante asiático ejercía sobre el mercado petrolero en las últimas dos décadas.
La atención de los inversionistas vuelve a concentrarse en las variables que históricamente definen los ciclos de mercado: la resiliencia del crecimiento económico, la moderación de la inflación, la evolución de la política monetaria y la fortaleza de las utilidades corporativas. La moderada reacción del petróleo no significa que el riesgo geopolítico haya desaparecido; lo que sugiere es que el mercado mira más allá del conflicto, a medida que disminuye la probabilidad de un choque significativo sobre la oferta energética.
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