Entre las familias presentes estaba la de César Rodríguez Cuadros. Wilber Rodríguez Bonzano, su hermana Tania y su tía Lucy viajaron desde el distrito de Secclla, en Angaraes, Huancavelica. El 4 de enero de 1985, el joven profesor fue detenido por efectivos del Ejército y trasladado a la base militar de Julcamarca. Nunca más se supo de él. Cuarenta años después, sus restos fueron hallados en el cuartel Los Cabitos, en Ayacucho.
Luego del acto religioso, el féretro del profesor emprendió el último viaje de regreso a su pueblo, a la casa donde aún lo esperaba su madre. Hoy es una anciana postrada en cama, que ya no reconoce a quienes la rodean y solo recuerda, en algunas ocasiones, al hijo que tantas veces buscó. En su rostro se nota que no termina de comprender por qué toda la comunidad viste de negro, llora y se reúne en su vivienda.
“Me duele por mi madre. Cuántas veces caminó desde Secclla hasta Ayacucho buscando a mi hermano”, dice Lucy Rodríguez, la hermana menor del profesor al que se llevaron con apenas 23 años. “Fueron 41 años de esperanza de encontrarlo con vida. Ahora esa esperanza terminó. Lo encontramos en Los Cabitos”, relata.
Wilber Rodríguez, el hijo de César Rodríguez, escucha una canción junto a su hijo, que sostiene el retrato del abuelo al que nunca llegó a conocer. Él tampoco pudo crecer con su padre: tenía apenas tres años cuando fue dado por desaparecido. “Han sido años de dolor, buscando la verdad y tratando de saber dónde estaba mi padre. Hoy ya tenemos su cuerpo, sabemos dónde estuvo y cómo murió. Le destrozaron las costillas. La necropsia determinó que falleció por un traumatismo torácico”, señala Wilber Rodríguez.
Poco a poco llegan vecinos que aún recuerdan a César Rodríguez. Dicen que le gustaba tocar la guitarra y que su conjunto favorito era el Trío Amanecer. Entonces alguien hace sonar el que aseguran que era su huayno favorito: “Ya me voy, ya me estoy yendo. Quédate y no me olvides. Recuerda siempre que yo te quise y sueña conmigo hasta mi vuelta”, se escucha cantar.
Memoria. La familia conservó este retrato de César Rodríguez Cuadros mientras lo buscaba durante más de cuarenta años.
Pero el hallazgo no cierra la herida. “La justicia llegó demasiado tarde. Existe una sentencia que condena al responsable a 15 años de prisión, pero sigue libre. Las leyes aprobadas por el Congreso prácticamente le han dado impunidad. Los responsables no van a pagar todo el daño que nos hicieron”, dice Wilber Rodríguez. La familia Gutiérrez alude a las normas impulsadas en los últimos años por el Congreso, desde el fujimorismo y con Fernando Rospigliosi a la cabeza, que favorecen a procesados y condenados por violaciones a los derechos humanos.
Entre los restos restituidos figuraban los de Margarita Crisante Ucharima y su hija Porfiria Paredes Crisante, de siete años. Ambas fueron asesinadas por Sendero Luminoso el 22 de febrero de 1985, mientras pastaban ganado en la localidad de Ichumarca, distrito de Hualla, provincia de Víctor Fajardo (Ayacucho). Sus cuerpos fueron exhumados del mismo paraje. Algo similar ocurrió con la familia Crisante Ucharima, y en los hogares de las familias Pariona Quispe y Oré Amao llegaron dos pequeños féretros: ambas perdieron a dos hermanos durante el conflicto armado interno.
La tarde del jueves 16 de julio, bajo el sol de Secclla, César Rodríguez Cuadros fue enterrado acompañado por familiares, vecinos y buena parte del pueblo que durante más de cuarenta años esperó su retorno. El ritual se repite en decenas de hogares. Las pesquisas fiscales determinaron que las víctimas murieron en distintos hechos ocurridos entre 1982 y 1992. Los responsables identificados en los expedientes corresponden tanto a integrantes de Sendero Luminoso como a miembros de las fuerzas del orden.
Despedida. Familiares acompañan los féretro de las víctimas durante la ceremonia de restitución de los restos.
En coordinación con el Equipo Forense Especializado (EFE), el Ministerio Público restituyó los restos de 44 víctimas del conflicto armado recuperados en las provincias ayacuchanas de Huamanga, Huanta, La Mar, Víctor Fajardo y Cangallo. Para determinar las identidades de los restos encontrados en las fosas clandestinas, se hicieron investigaciones arqueológicas, antropológicas y análisis de biología molecular y genética.
El Equipo Forense Especializado (EFE) realiza el proceso de identificación de los restos recuperados en fosas clandestinas.
Entre los casos restituidos también está la matanza del 9 de septiembre de 1984, cuando una columna de Sendero Luminoso ingresó a las comunidades de Sulluhuaylla, Pacucro y Chullcupampa, en el distrito de Huamanguilla, provincia de Huanta (Ayacucho). Esa noche, los senderistas se dividieron en grupos y asesinaron a doce comuneros con armas de fuego y punzocortantes. Las 44 víctimas cuyos restos han sido devueltos incluyen a tres niñas, dos adolescentes, trece jóvenes, veintiún adultos y cinco adultos mayores. Según las necropsias e investigaciones forenses, fallecieron por traumatismos craneoencefálicos, torácicos y maxilofaciales, heridas de bala o lesiones causadas por armas blancas y otros objetos contundentes.
Asimismo, se entregó el cuerpo de Juan Portal Morales, un joven de 28 años que fue detenido el 12 de enero de 1982 en Vinchos (Ayacucho) por un escuadrón de Sinchis de la Guardia Civil. Lo trasladaron al paraje de Trancacucho y lo asesinaron con tres disparos de bala: uno en la cara, otro en el pecho y un tercero a la altura de las costillas. “A mi padre no lo he conocido, quizás todo sería distinto. Me lo mataron a golpes. La vida es injusta”, dice entre lágrimas Tania, la hija de César Rodríguez, antes de que el cajón ingrese en su lecho final. El maestro ha regresado al pueblo donde dio sus primeras clases, esta vez para quedarse eternamente.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta