“La normalidad del mar peruano es su alta variabilidad”, solía decir el doctor Marco Espino, científico peruano que dedicó su vida al estudio de la anchoveta y sentó las bases de la investigación en el IMARPE. Falleció hace cinco años, pero su legado sigue vigente: la ciencia como herramienta para entender un ecosistema cambiante.
El fenómeno El Niño ha elevado la temperatura del mar, alterando la distribución de la anchoveta. Los cardúmenes se profundizan y quedan fuera del alcance de las redes industriales. Ante esto, PRODUCE, basándose en información del IMARPE, suspendió la primera temporada de pesca de anchoveta con un avance de 480,000 toneladas, es decir, el 24.6% de la cuota asignada. Esto representa un 80% menos en desembarques respecto al mismo periodo del año anterior.
El 2023 también fue un año anómalo por El Niño Costero, y no hubo primera temporada de pesca. Sin embargo, el trabajo articulado entre IMARPE, PRODUCE y la industria permitió realizar nueve actividades de investigación y monitoreo de la anchoveta, tomando decisiones basadas en ciencia.
La investigación científica es clave para la gestión pesquera y la toma de decisiones oportunas. Como recordaba Espino, nuestro mar es muy variable y requiere estudio y monitoreo permanentes. La parálisis, el miedo y el comportamiento pasivo de burócratas que no son responsables con una pesquería que sustenta a más de 250,000 familias no es una opción; solo refleja la indolencia que ha copado gran parte de la administración pública. No se puede permanecer paralizado escudándose en el “principio precautorio”. Se está deshonrando el compromiso con el desarrollo del país. Y como dice el refrán: “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.
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