Con cerca de medio millón de docentes ya en las aulas –muchos de ellos frustrados–, decenas de miles de titulados que buscan una plaza y otros tantos que aún estudian para ingresar a un mercado laboral saturado, León Trahtemberg aconseja a los jóvenes de hoy no elegir la carrera de Educación. Los salarios son modestos, el prestigio escaso, las oportunidades limitadas, las denuncias abusivas y una burocracia que, según el columnista, termina por ahogar la vocación.

El problema, sostiene, es estructural: las normas privilegian la sanción antes que el reconocimiento, la desconfianza reemplazó a la autonomía profesional y los directores administran más de lo que lideran. Innovar suele ser más riesgoso que obedecer, mientras los maestros llenan plataformas, protocolos y registros en lugar de dedicar ese tiempo a pensar cómo aprenden mejor sus estudiantes. En contraste, países como Singapur, Estonia y Finlandia entendieron que la excelencia exige confiar en los maestros, reducir controles innecesarios y fortalecer su desarrollo profesional.

Para Trahtemberg, hace falta en el Perú devolver autoridad a directores y docentes, eliminar la burocracia y construir una cultura de confianza. Por eso insiste: "No estudien Educación para convertirse en los últimos maestros de una escuela que agoniza. Háganlo solamente si los primeros pasos del próximo gobierno ofrecen evidencias de que podrán convertirse en los primeros maestros de la escuela que el Perú necesita, pero todavía no se atreve a construir. Mientras tanto, piensen bien si estudiar para ser maestros es su mejor opción".

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