El informe de la CIA, citando fuentes de inteligencia de abril de 2004, señala que “Chávez declaró que su objetivo era evitar la reelección de un presidente estadounidense en funciones, sugiriendo la intención de influir en la política interna de EE. UU.”.
El documento desclasificado detalla los preparativos para las elecciones presidenciales de 2012, donde los servicios de inteligencia venezolanos —la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN)— habrían colaborado con el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la empresa Smartmatic. El plan consistía en desplegar máquinas de votación preprogramadas en aproximadamente 300 centros electorales ubicados en zonas tradicionalmente leales al chavismo para asegurar una ventaja de 1.5 millones de votos. Sin embargo, la CIA aclara en su análisis de base que no se confirmó un fraude electrónico a gran escala en ese proceso, ya que las encuestas previas daban una ventaja considerable al oficialismo y la oposición aceptó los resultados tras la contienda.
La evaluación de la Comunidad de Inteligencia de 2006, citada en el documento, ya advertía que “los vínculos de Smartmatic con Venezuela representaban una amenaza a la seguridad nacional [...] se basó en inteligencia sólida sobre la intención del gobierno venezolano de influir en la política de EE. UU. y evidencia de la manipulación venezolana de sus propios sistemas electorales”. La relación de cooperación entre el régimen y sus proveedores tecnológicos colapsó en 2017, cuando Smartmatic cesó sus operaciones en Venezuela tras años de servicios técnicos. Ese mismo año, la empresa denunció públicamente que las cifras oficiales de participación en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente habían sido infladas artificialmente en más de un millón de votos. Según el documento desclasificado, esta denuncia validó las sospechas de la inteligencia estadounidense sobre la discrepancia entre los datos registrados por las máquinas y los resultados anunciados por el CNE controlado por Maduro.
El informe también identifica vulnerabilidades críticas en el hardware electoral: ciertas máquinas tenían la capacidad técnica de alterar los conteos de votos de forma autónoma, detectar cuándo estaban siendo sometidas a una auditoría y emitir recibos impresos sin registrar o transmitir esos mismos votos en el sistema central.
El director de la CIA, John Ratcliffe, emitió un comunicado tras el discurso de Donald Trump para justificar la publicación de los informes sobre Venezuela y la supuesta injerencia china en procesos electorales en EE.UU. Ratcliffe señaló que estos documentos se difunden para “apoyar las iniciativas de transparencia” del mandatario republicano. “Es por esto que produjimos informes de inteligencia clave que muestran que el gobierno de Venezuela había desarrollado capacidades para manipular sistemas de votación electrónica, lo que genera serias preocupaciones para la seguridad de la infraestructura electoral de los EE. UU.”, declaró el jefe de inteligencia.
El reporte desclasificado detalla que hacia finales de 2020 se detectaron planes técnicos más sofisticados para manipular las elecciones de la Asamblea Nacional mediante el uso de “máquinas virtuales”. Este procedimiento permitiría al gobierno crear un sistema paralelo que replicara los resultados legítimos para luego sustituirlos por datos manipulados, asegurando que los registros finales parecieran provenir de equipos auténticos y así evadir las auditorías estándar. Según el informe, esta capacidad habría permitido a actores con acceso interno monitorear y ajustar los resultados en tiempo real durante y después de la jornada electoral, aunque se juzgó que en 2020 el régimen no necesitó recurrir a este fraude masivo debido al boicot generalizado de los partidos opositores.
El documento también identifica vulnerabilidades críticas en el hardware electoral. Ciertas máquinas tenían la capacidad técnica de alterar los conteos de votos de forma autónoma, detectar cuándo estaban siendo sometidas a una auditoría y emitir recibos impresos sin registrar o transmitir esos mismos votos en el sistema central. Estas funciones, calificadas como teóricamente factibles por los analistas de la CIA, revelarían el nivel de control que el Consejo Nacional Electoral (CNE) mantenía sobre cada etapa del proceso, desde la programación inicial hasta el almacenamiento de los datos finales, lo que dificultaba cualquier verificación externa independiente.
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