La escritora uruguaya Tamara Silva Bernaschina, de 25 años, se consolida como una de las voces más prometedoras de la narrativa latinoamericana. Tras el éxito de “Desastres naturales” y “Temporada de ballenas” —obra que próximamente publicará la editorial Animal de invierno en Perú—, la autora lanza “Larvas”, un libro de cuentos editado por Páginas de Espuma. En esta nueva entrega, lo fantástico irrumpe desde los cuerpos, los silencios y aquello que permanece oculto bajo la superficie de la vida cotidiana.
Silva presentará “Larvas” el viernes 31 de julio, a las 7:00 p. m., en el auditorio César Vallejo, dentro de la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL Lima 2026). En esta conversación, la autora reflexiona sobre la infancia como un territorio donde el misterio encuentra espacio para crecer, la manera en que el cuerpo se convierte en escenario de transformaciones y revelaciones, y cómo lo sobrenatural le permite explorar emociones tan humanas como el deseo, la pérdida o el miedo.
En varios cuentos de “Larvas” lo fantástico aparece desde el cuerpo: una transformación física, una cicatriz, un insecto, incluso una piedra. Da la impresión de que el cuerpo es el primer lugar donde irrumpe lo extraño. ¿Por qué te interesa trabajar desde ahí?
“En estos cuentos el cuerpo es un lugar de revelaciones. No solo porque allí se manifiesta lo fantástico, sino porque también es un cuerpo que cambia, que crece y que es atravesado por el dolor, el amor y el deseo. Me interesa esa intensidad y esa vulnerabilidad”, responde la autora. Y agrega: “Imagino que, en esos momentos de transformación, se abren pequeños canales entre ese cuerpo y otra cosa, que es el universo de lo fantástico. A veces aparece a través del cuerpo y otras veces mediante el espacio que ese cuerpo habita”.
Pensaba también en “Mi piojito lindo”. Ahí la voz del niño hace que uno acepte como naturales situaciones que un adulto pondría en duda enseguida. ¿Qué implica escribir desde esa mirada infantil?
Para la autora, esa historia solo podía contarse desde la mirada de un niño. “Más que un desafío, creo que era la única manera posible de contar esa historia. Ese universo funciona porque está narrado por un niño”, explica. La transparencia de esa perspectiva, que “deforma un poco la realidad, pero sigue siendo muy fiel a la manera en que ese niño entiende el mundo”, es clave. Si el relato hubiera sido contado por un adulto o en tercera persona, “muchas cosas se perderían”.
Silva Bernaschina afirma que en la infancia el misterio encuentra un terreno fértil: “tiene mucho más espacio para desarrollarse porque no existe una explicación inmediata”. Incluso cuando aparece una, suele ser “múltiple y abstracta, no una respuesta racional y definitiva”. Los niños, añade, “conviven mucho mejor con el silencio y con aquello que no se dice. Llenan esos vacíos de una forma mucho más creativa”.
En cuanto a la construcción de la tensión en “Jauría”, donde la violencia no estalla de golpe sino que crece sutilmente hasta el desenlace, la escritora describe un proceso intuitivo. “Cuando termino un cuento recién puedo ver cómo funcionó ese mecanismo”, confiesa. En ese relato en particular, fue “muy cuidadosa con qué mostrar y qué ocultar para conducir a esos perros hacia el final”. Su intención no era que fueran “perros malvados, sino respetar su naturaleza animal”. Esa dosificación de pistas, explica, “es parte de cualquier relato: pequeñas pistas que van construyendo un tejido más grande”.
Sobre la presencia de lo fantástico, que parece brotar de emociones como el duelo, el deseo o la culpa, Silva Bernaschina sostiene que ambas dimensiones conviven. “Por un lado, los elementos fantásticos existen realmente dentro del mundo del cuento. Pero, al mismo tiempo, pueden adquirir un significado simbólico para quien lee”. Pone como ejemplo una yegua fantasma: “puede ser simplemente una yegua fantasma y, al mismo tiempo, representar aquello que persigue a los personajes”. A la autora le interesa “esa multiplicidad de lecturas”.
Tamara Silva Bernaschina explica que lo que más le interesaba de sus relatos no era el fenómeno fantástico en sí, sino todo lo que ocurre alrededor de él: cómo cambia la forma en que los personajes cuidan, conversan o se relacionan entre ellos. “Además, si los personajes creen en lo que sucede, yo también puedo creerlo, y el lector entra en ese pacto de lectura desde el comienzo”, agrega. Esta convivencia entre lo cotidiano y lo imposible es clave en su obra.
En el cuento “No acampar ni abordar”, la autora imaginó al personaje como un puente entre el mundo humano y el mundo mineral. “Quería pensar cómo sería una especie de sirena de la montaña”, señala. A partir de ahí surgieron imágenes del deseo ligadas a la piedra, la tierra y el paisaje, como una manera de repensar la poética del deseo. Allí la frontera entre el cuerpo y la naturaleza casi desaparece.
En “Arena, arena, arena”, la atmósfera se construyó a partir de una imagen inicial: la arenera junto al río, en pleno verano. “Antes de saber quiénes eran los personajes o qué iba a pasar, ya estaban la arena, el viento, el olor de la yegua descomponiéndose, la humedad, el calor”, recuerda la escritora. Esa imagen terminó organizando todo el relato, permitiendo que el lector casi sienta el calor, el viento o el olor que atraviesa el cuento.
Silva Bernaschina reflexiona que, tras leer “Larvas”, uno termina con la sensación de que los verdaderos monstruos no siempre son los seres fantásticos, sino los miedos, los silencios o las pérdidas. “Creo que cada lector llega con sus propios monstruos. Lo interesante es cómo esos miedos dialogan con el libro”, afirma. Por eso, el libro está lleno de espacios vacíos, de huecos pensados para contener preguntas, ideas y experiencias distintas. “Me gusta que cada persona encuentre allí sus propias respuestas”, concluye.
“La joven edad” cierra el libro. ¿Siempre supiste que ese cuento iba a ser el final? La autora confirma que desde el principio supo que ese relato sería el último. Es el más extenso y el que abarca un periodo de tiempo más largo. Además, tiene una estructura circular, y esa circularidad le daba la sensación de que el libro seguía vivo, como si nunca terminara realmente. Y para terminar: el libro se llama “Larvas”. ¿Qué representa para ti esa imagen dentro del cuento y también dentro de todo el libro? Silva prefiere que sean los lectores quienes construyan esa interpretación. No obstante, considera que la imagen está vinculada al cambio, al crecimiento y al paso de una etapa a otra. La larva es aquello que permanece oculto dentro de un cuerpo y que, en algún momento, emerge y transforma por completo lo que era antes. Es una forma de pensar esa frontera entre un cuerpo y otro, entre una etapa de la vida y la siguiente. TAMARA SILVA BERNASCHINA EN LA FIL La autora participará en dos eventos en la Feria Internacional del Libro. El viernes 31 de julio a las 7:00 p. m., en el Auditorio César Vallejo, se presentará su libro *Larvas*. Participarán Fernanda Acosta, Marina Gonzales, Tamara Silva y José Carlos Barrón como moderador. Organizan la Embajada de Uruguay e Ibero Librerías. El sábado 1 de agosto a las 4:00 p. m., en el mismo auditorio, se realizará el conversatorio “Ficciones de lo perturbador. Cuerpos, silencios y rarezas en la literatura”. Participarán Tamara Silva y Ricardo Sumalavia. Organizan la Cámara Peruana del Libro y la Embajada de Uruguay en Perú.
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