Myriam, de 80 años, solía disfrutar salir de compras con sus hijas y nietas, reunirse con sus amigas para jugar casino y luego tomar el té. En casa, aunque ya no cocinaba, se mantenía atenta a todo lo que ocurría en la cocina. Sin embargo, de un momento a otro, perdió por completo el interés por esas actividades que antes le daban placer: dejó de salir, de jugar y de ver a sus amigas. Simplemente dejó de tener ganas. Al acudir a consulta, le diagnosticaron depresión.
La depresión es una enfermedad que suele asociarse a pena, tristeza y llanto, pero en los adultos mayores puede manifestarse de forma distinta. Se enmascara con la pérdida del placer o gusto por situaciones que antes resultaban agradables, un síntoma conocido como anhedonia. Más que un simple problema de ánimo, es una enfermedad que requiere tratamiento con terapia y medicación. A Myriam se le indicó antidepresivos y terapia psicológica. Hoy está recuperada y vuelve a disfrutar de la vida, de sus hijos, nietos y amigas.
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