El analista Martín Santiváñez critica con dureza a quienes, tras los resultados electorales, confunden “apertura democrática” con una rendición incondicional. En su columna, califica de “patafísicos” los análisis de ciertos pseudopolíticos y opinólogos que, según él, insisten en que Fuerza Popular debe ceder las líneas fundamentales de su programa y entregar ministerios clave a los derrotados o desaparecidos en las urnas. “Eso, por supuesto, sería peor que un crimen. Sería una equivocación”, sentencia.

Para Santiváñez, el voto popular le ha otorgado al partido más grande del país una mayoría suficiente para gobernar, y eso debe asumirse “con todas sus consecuencias”. La consecuencia central de ese mandato, afirma, es clara: Fuerza Popular señala la línea del Gobierno, actúa en todos los extremos estratégicos, decide la solución para cada problema esencial, convoca a quien considere necesario y conduce al Estado “con mano firme” (suaviter in modo, fortiter in re) hasta cumplir todos sus objetivos.

El columnista justifica esta postura con un argumento político simple: las cuentas se las pedirán a Fuerza Popular, al partido de Gobierno y a Keiko Fujimori, no a sus eventuales aliados. Advierte que muchos de esos aliados “se arriman a la velocidad de la luz” al gobierno de turno, pero “con la misma velocidad traicionan llegada la hora nona”, en un “gatopardismo digno de la historia universal de la infamia”. Por ello, concluye que es el partido vencedor quien debe decidir la línea del gobierno según lo que convenga al pueblo, “por encima del sectarismo, más allá del odio y de la mediocridad”, para sacar al Perú adelante.

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