El impacto de una renuncia va mucho más allá de lo que aparece en los balances. Según Gianfranco Terzi, Regional Executive Associate de Trust Consulting, reemplazar a un colaborador puede costar entre el 30% y el 200% de su salario anual, dependiendo de su especialización. Sin embargo, advierte que “el verdadero choque va más allá de la inversión en un proceso de selección”, pues incluye el tiempo para cubrir la vacante, la curva de aprendizaje del nuevo integrante y los efectos sobre clientes, proyectos y productividad.

Mientras el reemplazo no llega, los equipos existentes asumen funciones adicionales y las tareas avanzan más lento. Además, los líderes destinan buena parte de su tiempo a seleccionar y entrenar, en lugar de concentrarse en iniciativas nuevas. Estos costos invisibles se traducen en menor productividad, sobrecarga laboral y retrasos en las entregas programadas. Terzi puntualiza que el golpe es mayor si se trata de “un perfil determinante para alguna función o de alto desempeño”.

Para Hans Quiroz, jefe de Producto y Equipos Digitales de Inversiones IO, el conocimiento perdido es un activo mucho más difícil de recuperar que cualquier inversión en reclutamiento. “Perder a alguien no es solo perder una silla; es perder velocidad”, sostiene. Quiroz añade que ese saber acumulado del trabajador que se va representa un valor intangible que no se recupera con un proceso de selección estándar.

La rotación laboral deja de ser saludable cuando compromete la continuidad del negocio y la capacidad de ejecutar nuevos proyectos. Foto: Pixabay / referencial La desvinculación de perfiles que combinan conocimiento técnico con comprensión del negocio, como product owners o líderes tecnológicos, puede ralentizar el desarrollo de nuevos productos, afectar los tiempos de entrega y minimizar la capacidad de innovación del negocio. Rodrigo Gutiérrez, country manager de Onura Latam, señala que la rotación temprana es probablemente la más costosa: la empresa invierte tiempo y recursos en integrar al colaborador y, si este renuncia en los primeros meses, todo ese proceso debe comenzar nuevamente. Esto podría evitarse si la empresa se enfoca en la experiencia del colaborador, lo cual contribuiría a la retención del talento. “En muchos casos, el problema no está en la remuneración, sino en la experiencia del colaborador. Por ello, contar con una propuesta de valor que incorpore beneficios no remunerativos puede fortalecer el compromiso desde el inicio y reducir la rotación”, subraya. Por su parte, Johanna Caro, gerente de Gestión Humana de Gallagher Perú, explica que cierto nivel de rotación es natural e incluso beneficioso para incorporar nuevas capacidades a las organizaciones, pero la renuncia se convierte en un problema cuando se repite en posiciones estratégicas o responde a problemas estructurales de la propia empresa. En esa línea, advierte que perder talento durante una etapa de crecimiento significa mucho más que iniciar un nuevo proceso de selección, porque se dispone de menos colaboradores experimentados y se debilita la capacidad de ejecución en un momento “donde la empresa necesita estabilidad”. Así, el impacto de una renuncia varía según el contexto: en empresas en expansión, la salida de personal clave puede frenar el crecimiento, mientras que en organizaciones consolidadas, la rotación excesiva en puestos críticos erosiona la innovación y la entrega de proyectos. Según la Encuesta de Beneficios Gallagher 2025, el 64% de las empresas en Latinoamérica señala que su principal desafío es la retención de talento, superando incluso la atracción de talento o los costos de beneficios. Para Caro, la rotación se vuelve perjudicial cuando excede los niveles habituales del mercado y responde a factores como un clima laboral deficiente, pocas oportunidades de desarrollo o una propuesta de valor poco atractiva para los colaboradores. En ese contexto, advierte que la continuidad del negocio “entra en riesgo”, y sostiene que una desvinculación bien gestionada asegura el ritmo de la empresa, facilita la transferencia de conocimiento y fortalece la marca empleadora. Quiroz, por su parte, argumenta que en etapas de expansión el equipo suele operar al límite de su capacidad, sin mucho margen. “Perder a una persona ahí no detiene solo su función puntual, retrasa el plan de crecimiento completo, porque no hay espacio para absorber el golpe sin sacrificar velocidad o calidad”, señala. Las empresas destinan recursos al reclutamiento, pero el mayor impacto suele reflejarse en la pérdida de experiencia y productividad. En negocios en crecimiento, el efecto puede ser más contundente. Las renuncias pueden costar hasta dos salarios, aunque no representan el mayor problema para las organizaciones. Las empresas destinan recursos al reclutamiento, pero el mayor impacto suele reflejarse en la pérdida de experiencia y productividad. En negocios en expansión, el impacto puede ser más contundente. Foto: referencial

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