Entre finales de la primavera y comienzos del verano, el Mar Negro suele protagonizar un fenómeno natural que sorprende incluso desde el espacio. Aunque sus aguas son normalmente oscuras, amplias zonas adquieren un llamativo tono turquesa que ha quedado registrado por los satélites de la NASA. En junio de 2026, el satélite PACE (Plankton, Aerosol, Cloud, Ocean Ecosystem) captó esta transformación mediante su instrumento OCI (Ocean Color Instrument). Las imágenes muestran cómo grandes extensiones de este mar, ubicado entre Europa y Asia, cambiaron temporalmente de aspecto debido a un proceso biológico estacional.
La explicación de este color turquesa está en la proliferación de organismos microscópicos llamados cocolitóforos, un tipo de fitoplancton recubierto por diminutas placas de carbonato de calcio. Cuando estas especies se multiplican por millones durante la primavera y el inicio del verano, sus cubiertas reflejan la luz del Sol y hacen que el agua adquiera un característico color azul lechoso o turquesa, visible incluso desde la órbita terrestre. En otras épocas del año, en cambio, predominan otros microorganismos conocidos como diatomeas, que poseen estructuras de sílice. Como no reflejan la luz de la misma manera que los cocolitóforos, el mar recupera el tono oscuro que le da nombre.
El fenómeno ofrece a los científicos valiosos datos para estudiar los ecosistemas marinos. El satélite PACE, lanzado por la NASA, permite observar estos cambios con gran detalle y contribuye a comprender mejor la dinámica del fitoplancton y su impacto en el clima y la vida oceánica.
El fenómeno, que también alcanzó el estrecho del Bósforo —el canal que cruza Estambul y une el mar Negro con el mar de Mármara—, fue registrado desde el espacio casi un mes antes de la imagen del satélite PACE. El 27 de mayo de 2026, un astronauta de la Estación Espacial Internacional fotografió la zona y captó las corrientes marinas trazadas por la floración del fitoplancton.
Aunque cada cocolitóforo es imperceptible a simple vista, cuando se agrupan en grandes cantidades pueden teñir regiones enteras del océano. Por eso, las imágenes satelitales se han vuelto una herramienta clave para estudiar ecosistemas marinos, sobre todo en áreas donde es difícil recolectar muestras de agua. Más allá de su espectacularidad visual, estos microorganismos cumplen un rol fundamental en el ciclo del carbono: durante su crecimiento absorben carbono de la atmósfera y del agua circundante. Al morir, parte de ese carbono desciende al fondo marino, donde puede quedar almacenado por largos periodos, contribuyendo así al transporte natural de carbono desde la superficie oceánica hacia las profundidades.
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