Un estudio regional publicado en The Lancet —el primero de su tipo en América Latina— encontró que una intervención integral sobre factores modificables del estilo de vida puede mejorar la cognición en adultos mayores con riesgo de demencia. El ensayo clínico multicéntrico LatAm-FINGERS se desarrolló durante dos años en 11 países de la región, incluido Perú, y evaluó a 1.065 participantes de entre 60 y 77 años.
Quienes siguieron un programa que combinó actividad física, alimentación saludable, control de factores cardiovasculares, entrenamiento cognitivo y socialización lograron una mejora cognitiva 55% superior en comparación con el grupo que solo recibió recomendaciones generales de salud. Hasta ahora, los principales trabajos sobre este tipo de estrategias se habían realizado en poblaciones de Europa y Estados Unidos.
En Perú, el diagnóstico de demencia aún enfrenta limitaciones y existe un alto estigma alrededor de esta condición. El envejecimiento de la población trae desafíos para la salud, entre ellos el aumento de enfermedades como la demencia, que podría quintuplicarse hacia 2050. El estudio LatAm-FINGERS demostró que es posible intervenir antes de que aparezcan cuadros más avanzados de deterioro cognitivo.
Perú ante el aumento de la demencia
En el país no existe un registro nacional actualizado de personas con demencia, pero los estudios de prevalencia disponibles estiman que alrededor de 8 de cada 100 personas mayores de 60 años presentan esta condición. A partir de esa proporción, el neurólogo Nilton Custodio, investigador principal de LatAm-FINGERS en Perú, calcula que actualmente habría alrededor de 300.000 personas con demencia, aunque precisa que se trata de una estimación y no de una cifra oficial. De ese grupo, aproximadamente el 60% correspondería a casos de enfermedad de Alzheimer.
El especialista advirtió que, debido al envejecimiento poblacional, la cantidad de casos podría aumentar entre tres y cinco veces hacia 2050. Además, señaló que el deterioro cognitivo leve, una etapa previa a la demencia, alcanza al 37% de los adultos mayores evaluados en estudios disponibles. 'Ahora tenemos números contundentes que nos permiten convencer tanto a los pacientes como a quienes toman decisiones políticas de que modificar el estilo de vida es una realidad que funciona', afirmó Custodio.
Una evidencia adaptada a Latinoamérica
Uno de los principales aportes del estudio es que evaluó una intervención diseñada para una población latinoamericana, una región con diferencias culturales, económicas y alimentarias frente a los países donde se realizaron investigaciones previas. Para Custodio, adaptar el programa fue uno de los principales retos, especialmente por la necesidad de mantener la participación de los voluntarios durante los dos años del estudio. 'El principal reto fue generar un grupo que se sostenga en el tiempo. Poder reclutar y luego estar seguro de que esta persona va a permanecer uno o dos años en el estudio', explicó.
En Perú, los investigadores buscaron participantes que no tuvieran un diagnóstico de demencia, pero sí factores de riesgo. Para ello acudieron a asociaciones de jubilados, comunidades religiosas y otros espacios donde podían identificar personas con las características requeridas.
El programa no solo mejoró la salud cognitiva, sino que también fomentó una mayor integración social entre los participantes. Según relató el especialista, los grupos que inicialmente estaban separados terminaron formando redes sociales que persisten hasta hoy. Los resultados del estudio refuerzan la necesidad de intervenir sobre factores que afectan la salud cerebral antes de que aparezca una enfermedad. Custodio señaló que la evidencia permite fortalecer recomendaciones sobre actividad física, alimentación y control de enfermedades cardiovasculares. Destacó especialmente el papel del ejercicio de resistencia, junto con el control de la presión arterial, glucosa, colesterol y peso. “Antes pensábamos solo en el ejercicio físico como ejercicio aeróbico, salir a caminar, pero el ejercicio con resistencia tiene mucha evidencia de que es clave”, explicó. A nivel de políticas públicas, consideró que la prevención debe empezar desde edades tempranas y no centrarse únicamente en la atención hospitalaria cuando aparecen los síntomas. “Los datos son contundentes para decir que no solo se previenen enfermedades del corazón o diabetes, sino también demencia y enfermedad de Alzheimer”, sostuvo. Los participantes del estudio continuarán bajo seguimiento durante cuatro años adicionales para evaluar si los beneficios obtenidos durante la intervención se mantienen en el tiempo.
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