El fenómeno El Niño, que este año volverá a presentarse en el país, genera un calentamiento anómalo de la costa marina del Océano Pacífico, precipitaciones, inundaciones y sequías. Aunque estamos avisados desde hace meses, la historia muestra que los desastres se repiten una y otra vez. Desde 1925, tres eventos graves han golpeado al Perú: 1925-26, 1982-83 y 1997-98, además de otros moderados como los de 1972, 2017 y 2023-24, todos con graves pérdidas económicas y sociales.

En el periodo 2023-24, las pérdidas alcanzaron los 18,600 millones de soles, alrededor del 1.5% del Producto Bruto Interno, afectando agricultura, pesca, comercio, infraestructura y vivienda, entre otros sectores. Uno de los primeros afectados es el sector pesquero: la anchoveta se refugia en aguas profundas o se retira al sur buscando aguas más frías. Además, se reduce la capacidad productiva del sector agropecuario, se destruye infraestructura y se pierden viviendas, dejando cientos o miles de afectados. “Aunque sabemos que somos zona propensa a los fenómenos naturales, nos mostramos incapaces de evitar terminen en desastres”, señala la columna.

Urgen medidas de prevención concretas: en el norte, limpiar y reforzar cauces de ríos y reubicar viviendas construidas en zonas vulnerables. En el sur, urge construir reservorios de agua, culminar represas y ponerlas en funcionamiento pleno —como el caso Lagunillas—, acopiar forrajes e implementar cobertizos para el ganado. No se trata solo de estos meses ni de este año. El cambio climático es una realidad y enfrentarlo requiere prevención y ordenamiento de mediano y largo plazo. Exige una nueva visión y gestión del gobierno y el Estado, una perspectiva de futuro que la gran mayoría de peruanos exige y no se logra pretendiendo una vuelta al pasado.

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