La crisis de salud mental en Perú se agrava por una combinación de factores sociales y económicos que el médico psiquiatra Carlos Bromley resume así: “No se puede estar mental y emocionalmente bien con deudas impagables, miedos de sufrir robos, falta de agua en los hogares, inseguridad alimentaria, trabajo informal, exposición a violencia, impotencia y desesperanza”. El especialista añade que se requiere un impulso a lo logrado mediante la expansión de los servicios y un cambio de rumbo del gobierno entrante.
Diversos estudios advierten que en la población general hay un aumento significativo de síntomas de ansiedad, angustia y depresión, así como un mayor consumo de sustancias psicoactivas —legales e ilegales—, intentos de suicidio, suicidios consumados y descompensaciones de cuadros psicóticos. Las dificultades en el acceso y la continuidad de los tratamientos agravan la situación e incrementan tanto la demanda como la complejidad de los casos que llegan al sistema público de salud.
Este sistema, además, enfrenta una sobrecarga por las demoras y barreras económicas del sector privado. En ese contexto, se ha registrado un crecimiento sostenido en la cantidad de internamientos por motivos de salud mental, especialmente entre personas jóvenes. Entre los factores que explican esta realidad destacan tres problemas graves: el 80% de personas sin tratamiento, la escasez de psiquiatras y el aumento del estrés por la inseguridad.
El médico psiquiatra Carlos Bromley señaló a La República que la reforma de salud mental iniciada en 2012 en el Perú, que implicó la implementación de nuevos servicios en la comunidad, requiere un impulso y un “cambio de rumbo del gobierno entrante” con la participación de nuevos actores. “Implementar 306 centros de salud mental comunitaria, 54 unidades de hospitalización en salud mental y adicciones en hospitales generales, 94 hogares protegidos para población con insuficiente apoyo socio familiar, 11 equipos móviles para la atención de personas en condición de calle y población distante y dispersa, ha sido una tarea enorme y un logro trascendental para el país, pero no viene siendo suficiente”, advirtió. Bromley sostiene que la depresión, ansiedad, estrés, adicciones y violencia “consumen a los peruanos”. “A más servicios de atención, más personas que atender”, señala el especialista. Esto se debe a que, según él, la salud mental forma parte de una problemática multifactorial de carácter estructural que involucra necesidades básicas insatisfechas, “el desempleo, la inequidad, la desigualdad alimentaria, la pobreza, la inseguridad ciudadana y la discriminación”, así como las crisis de todo tipo que sufre crónicamente el país. Estos factores incrementan los problemas de salud mental en la población, al extremo de que, si seguimos así, nunca habrá servicios suficientes para atender a los afectados “mientras no se comiencen a resolver los problemas” mencionados. Además, en Perú hay menos de 300 psiquiatras para más de 34 millones de habitantes. Casi la mitad de los jóvenes sufre problemas emocionales graves y el 44% de la población ve el estrés como una gran amenaza. La Defensoría del Pueblo advierte también que el Gobierno reduce cada año el presupuesto para este sector vital.
El psiquiatra subrayó que “solo con un país homogéneamente desarrollado y seguro, tendremos una población mental y emocionalmente sana”. Para ello, propuso mejorar la jerarquía estructural dentro del Ministerio de Salud, elevando a la Dirección Ejecutiva de Salud Mental al rango de Dirección General, que debe trabajar en coordinación estrecha con la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) y los gobiernos locales y regionales en temas de desarrollo país y resolución de conflictos.
Incrementar los servicios de salud mental en la comunidad no solo implica contar con más atención para la población afectada, sino también un cambio de rumbo para trabajar sobre los determinantes de la salud. Esto contribuiría a mejorar la calidad de vida de las personas y orientar al país hacia “un mejor desarrollo para avanzar hacia el bienestar y el progreso de manera objetiva” y real, reflexiona el especialista.
“No se puede estar mental y emocionalmente bien con deudas impagables, miedos de sufrir robos al salir a la calle, falta de agua en los hogares, inseguridad alimentaria, trabajo informal con ingresos que no alcanzan para la subsistencia diaria, exposición a violencia, carencias, frustración, impotencia y desesperanza”, manifiesta con preocupación.
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