Fabricado por Mingyang Smart Energy e instalado frente a la provincia de Hainan, el MySE18.X-20MW es el aerogenerador marino más potente del mundo. Con una capacidad de 20 megavatios (MW) y un rotor de 292 metros de diámetro, este coloso produce alrededor de 80 GWh de electricidad al año, energía suficiente para abastecer a 96.000 hogares. Su operación también evitaría la emisión de aproximadamente 66.000 toneladas de dióxido de carbono (CO₂) cada año.

China continúa así ampliando los límites de la energía eólica con aerogeneradores marinos cada vez más grandes y potentes. El MySE18.X-20MW se ha convertido en un referente de la transición hacia las energías renovables, pero su enorme tamaño ha despertado el interés de la comunidad científica. Las primeras investigaciones apuntan a que esta infraestructura podría producir cambios en el microclima de las zonas donde opera, un efecto secundario inesperado.

El MySE18.X-20M es actualmente el aerogenerador marino más potente. Foto: MingYang Smart Energy

La turbina fue diseñada para aprovechar los fuertes vientos marinos con la mayor eficiencia posible. Su estructura modular le permite adaptarse a distintas condiciones y soportar fenómenos meteorológicos extremos, incluidos tifones con ráfagas cercanas a los 79,8 metros por segundo. Sin embargo, el tamaño que le otorga esa capacidad también genera preocupaciones ambientales que los científicos ya comienzan a estudiar.

El movimiento constante de las enormes palas de los aerogeneradores genera turbulencias que alteran la circulación del aire y pueden influir en la distribución de la temperatura y del viento en los alrededores del parque eólico. Diversos trabajos han observado que las turbinas eólicas de gran tamaño pueden producir modificaciones en el microclima local. Aunque este fenómeno ya era conocido por los investigadores, el enorme tamaño de esta turbina ha renovado el interés por estudiar con mayor detalle sus posibles efectos sobre los ecosistemas costeros. La ubicación del aerogenerador fue elegida cuidadosamente para aprovechar las mejores corrientes de viento y, al mismo tiempo, reducir al máximo el impacto sobre el entorno marino.

Por ese motivo, los especialistas continúan analizando el alcance de estos cambios para determinar si tienen consecuencias relevantes para la fauna marina o el entorno donde se instalan estas infraestructuras. Los expertos consideran que estos estudios son fundamentales para que el crecimiento de la energía eólica continúe avanzando de forma compatible con la protección del medio ambiente. A pesar de estas investigaciones, el balance sigue siendo ampliamente favorable para este tipo de tecnología, ya que permite generar grandes cantidades de electricidad renovable y reducir el uso de combustibles fósiles.

Atención a otras turbinas gigantes

La carrera por construir aerogeneradores cada vez más potentes no se detiene. Otro de los proyectos más ambiciosos es el desarrollado por Dongfang Electric, que presentó una turbina marina de 26 MW con una altura cercana a los 340 metros, un rotor de 310 metros y palas de 128 metros de longitud.

La competencia tecnológica en energía eólica marina incluye al V236-15 MW de Vestas, con un rotor de 236 metros de diámetro y palas de 115,5 metros, diseñado para producir energía limpia para 20.000 viviendas al año. Hasta hace poco, otro referente era el MySE 16-260 de Mingyang, con 16 MW de potencia, un área de barrido cercana a los 50.000 metros cuadrados y una altura de buje de 152 metros, suficiente para suministrar electricidad a 36.000 hogares. Este modelo puede producir hasta 100 GWh de electricidad al año, abasteciendo aproximadamente 55.000 hogares, e incorpora sistemas reforzados para soportar tifones de categoría 4, además de controles avanzados que optimizan la orientación de las palas frente al viento.

La aparición de estas gigantescas turbinas demuestra el rápido avance de la energía eólica marina. Al mismo tiempo, pone sobre la mesa un nuevo desafío: seguir aumentando la capacidad de generación eléctrica sin dejar de evaluar cuidadosamente los posibles efectos que estas instalaciones pueden tener sobre el microclima y los ecosistemas donde se instalan.

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