La congestión vehicular en Lima ya no es solo un tormento diario para los conductores; se ha convertido en un lastre económico de enormes proporciones. Según la Asociación Automotriz del Perú (AAP), los embotellamientos generan pérdidas que ascienden a S/30.000 millones al año, una cifra que evidencia cómo la movilidad deficiente golpea la productividad, el consumo de combustible, la seguridad vial y la competitividad del país.
En diálogo con La República, el presidente de la AAP, Karsten Kunckel, detalló que esa estimación abarca no solo las horas de trabajo perdidas por los ciudadanos en sus traslados, sino también el sobreconsumo de combustible, el mayor desgaste de los vehículos y las repercusiones económicas de los accidentes de tránsito. Sin reformas urgentes, advirtió, estas pérdidas podrían duplicarse en los próximos años.
Frente a este panorama, la AAP presentó una hoja de ruta al 2036 que plantea cuatro ejes clave: acelerar la construcción de las líneas del Metro, modernizar el transporte público, renovar el parque automotor y ordenar el tránsito. La propuesta busca atacar de raíz las causas de la crisis y evitar que el costo económico del caos vial siga creciendo.
“No es solamente consumo de combustible. También aumenta el gasto en lubricantes, mantenimiento y reparación de la suspensión por el mal estado de las vías. Si uno suma todo eso, prácticamente todos los años pulverizamos S/30.000 millones que podrían destinarse a temas mucho mejores”, declaró un vocero de la Asociación Automotriz del Perú (AAP). Con ese diagnóstico, el gremio presentó una hoja de ruta que busca una reforma integral del transporte terrestre basada en cuatro ejes: fortalecer el transporte público, acelerar la infraestructura, renovar el parque automotor y reforzar la seguridad vial, con metas concretas hacia 2036.
Según cifras de la AAP, el país cuenta actualmente con 3,9 millones de vehículos livianos, más de 3,2 millones de vehículos menores —entre motocicletas y mototaxis— y alrededor de 400.000 vehículos pesados. Para mejorar la movilidad, la asociación propone desarrollar un sistema integrado de transporte público, acelerar proyectos estratégicos como las Líneas 3, 4 y 7 del Metro de Lima, ampliar los programas de chatarreo e impulsar tecnologías menos contaminantes, como vehículos con estándar Euro 6, unidades a gas natural y transporte eléctrico.
Además, plantea fortalecer la fiscalización mediante cámaras, sistemas electrónicos, tecnología RFID y pórticos inteligentes para reducir infracciones y mejorar la seguridad vial. El objetivo es que los S/30.000 millones que se pierden anualmente en sobrecostos de combustible, lubricantes, mantenimiento y reparaciones por el mal estado de las vías se redirijan a fines más productivos.
Kunckel señaló que la solución no pasa por restringir el acceso a vehículos, sino por modernizar el sistema. Según el dirigente, el Perú tiene una menor tasa de motorización que otros países de la región, por lo que el problema no es un exceso de autos, sino la falta de infraestructura y planificación. Para reducir la congestión, propuso implementar semaforización inteligente, rediseñar las rutas y promover buses de mayor capacidad. "En todo el mundo el transporte público es subvencionado. Tenemos que encontrar una fórmula para que esos operadores puedan incorporarse a un sistema moderno con buses que transporten a más personas, contaminen menos y ayuden a descongestionar Lima", afirmó.
La hoja de ruta del gremio fija metas hacia 2036. Entre los objetivos destacan elevar la velocidad promedio de circulación en Lima de 12 a 25 kilómetros por hora, reducir la antigüedad del parque automotor liviano de 14,5 a 11 años y bajar la tasa de fallecidos por accidentes de tránsito de 10 a 6 por cada 100.000 habitantes. El diagnóstico cobra relevancia al contrastarlo con las cifras del Observatorio Nacional de Seguridad Vial: durante 2025 se registraron 88.243 siniestros de tránsito, que dejaron 55.329 personas heridas y 3.428 fallecidas en todo el país.
Para alcanzar esas metas, la AAP considera indispensable una coordinación entre el MTC, el MEF, ProInversión, los gobiernos regionales, las municipalidades, la Policía Nacional y el sector privado. Kunckel advirtió que, de no ejecutarse las reformas, el costo económico del tráfico seguirá en aumento. La velocidad promedio en Lima continúa cayendo y, si la tendencia se mantiene, en pocos años podría igualar la de un peatón durante las horas de mayor congestión. “El problema no será únicamente cuánto tarda una persona en movilizarse, sino cómo trasladaremos las mercancías. Si no hacemos nada, las pérdidas económicas podrían incluso duplicarse en los próximos años”, advirtió.
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