En el programa de gobierno de Fuerza Popular, la dimensión cultural no figuraba como un ministerio independiente: aparecía fusionado con el Ministerio de Educación, con un tratamiento discursivo cercano al de Promperú. Pese a ello, en los últimos días han empezado a sonar nombres para liderar el Ministerio de Cultura, lo que sugiere que el Mincul no desaparecerá. Los candidatos más mencionados son la historiadora Cecilia Bákula y el gestor cultural Miguel Molinari, ambos muy reconocidos en el circuito cultural peruano y que, hasta ahora, no han suscitado mayores críticas desde el sector.
Sin embargo, asumir el cargo podría implicar riesgos de reputación. La República manifestó en dos ocasiones la inquietud sobre el futuro del Mincul, y advierte que, más allá de preferencias políticas e ideológicas, el Perú existe en el mundo por su cultura. Un país como el nuestro, sin importar el gobierno de turno, debe contar con un organismo institucional dedicado exclusivamente a su poliédrica riqueza cultural. Pero desde el gobierno de Dina Boluarte, el Mincul se ha convertido en una máquina de censuras, en una apañadora de leyes sin pies ni cabeza —como la ley de cine impulsada por el Congreso— y en una entidad cómplice y silenciosa de despropósitos como el colegio de artistas del Perú. Estos atentados contra la cultura han estado avalados por la firma de los congresistas de Fuerza Popular.
Por eso, antes de aceptar, los potenciales candidatos deberían preguntarle a Keiko Fujimori y compañía qué entienden en Fuerza Popular por cultura. Si este aspecto no queda despejado, quien acepte, sin importar lo competente que sea, va a quedar con la reputación manchada. En ese sentido, aunque los nombres de Bákula y Molinari suenan con fuerza, su aceptación podría implicar riesgos que van más allá de las capacidades técnicas.
Cecilia Bákula y Miguel Molinari suenan para el Mincul, pero el riesgo de asumir el cargo divide opiniones
En el programa de gobierno de Fuerza Popular, la dimensión cultural no figuraba como un ministerio independiente: aparecía fusionado con el Ministerio de Educación, con un tratamiento discursivo cercano al de Promperú. Pese a ello, en los últimos días han empezado a sonar nombres para liderar el Ministerio de Cultura, lo que sugiere que el Mincul no desaparecerá. Los candidatos más mencionados son la historiadora Cecilia Bákula y el gestor cultural Miguel Molinari, ambos muy reconocidos en el circuito cultural peruano y que, hasta ahora, no han suscitado mayores críticas desde el sector.
Sin embargo, asumir el cargo podría implicar riesgos de reputación. La República manifestó en dos ocasiones la inquietud sobre el futuro del Mincul, y advierte que, más allá de preferencias políticas e ideológicas, el Perú existe en el mundo por su cultura. Un país como el nuestro, sin importar el gobierno de turno, debe contar con un organismo institucional dedicado exclusivamente a su poliédrica riqueza cultural. Pero desde el gobierno de Dina Boluarte, el Mincul se ha convertido en una máquina de censuras, en una apañadora de leyes sin pies ni cabeza —como la ley de cine impulsada por el Congreso— y en una entidad cómplice y silenciosa de despropósitos como el colegio de artistas del Perú. Estos atentados contra la cultura han estado avalados por la firma de los congresistas de Fuerza Popular.
Por eso, antes de aceptar, los potenciales candidatos deberían preguntarle a Keiko Fujimori y compañía qué entienden en Fuerza Popular por cultura. Si este aspecto no queda despejado, quien acepte, sin importar lo competente que sea, va a quedar con la reputación manchada. En ese sentido, aunque los nombres de Bákula y Molinari suenan con fuerza, su aceptación podría implicar riesgos que van más allá de las capacidades técnicas.
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