Natural de Paramonga, Barranca, Nathan Z. S., de siete años, fue diagnosticado con una enfermedad que provoca la pérdida progresiva de la capacidad de bombeo del corazón, una anomalía que solo puede resolverse con un trasplante de un órgano compatible. “Era como buscar una aguja en un pajar”, señalaron los médicos.
El menor ingresó oficialmente a la lista de espera para un trasplante el 4 de enero de este año. Cada día que transcurría disminuían sus posibilidades de supervivencia. Antes de la intervención, Nathan tenía pocas posibilidades de sobrevivir debido a su condición. La enfermedad avanzaba y afectaba su vida: le faltaba el aire incluso cuando descansaba, tenía hinchazón en las piernas y el abdomen por retención de líquidos, y se descompensaba con frecuencia, por lo que debía ser internado. Los episodios de dificultad para respirar aumentaban y Nathan incluso no podía dormir por su situación. Los tratamientos eran insuficientes. “No era vida para Nathan”, resumieron.
La esperanza de una nueva oportunidad de vida llegó 113 días después, exactamente el viernes 26 de junio. La familia de una menor con muerte encefálica tomó la difícil decisión de autorizar la donación de sus órganos, entre ellos el corazón que tanto necesitaba Nathan Z. S. El trasplante pediátrico estuvo en manos de los profesionales del Instituto Nacional Cardiovascular (INCOR), lo que permitió que el menor salvara la vida y regresara a su hogar para su pronta rehabilitación.
El tiempo era determinante: el corazón debía ser extraído, preservado, trasladado e implantado en pocas horas para garantizar el éxito del procedimiento. Al haber un donante, se activó un operativo médico que involucró la coordinación de especialistas en cirugía cardiovascular, anestesiología, cuidados intensivos, perfusión y trasplante. Era un momento decisivo para los profesionales del Instituto Nacional Cardiovascular (INCOR).
La cirugía terminó siendo un éxito. Después de una estricta vigilancia médica de solo dos semanas, Nathan obtuvo el alta el viernes 10 de julio. Ahora, en su casa, continúa con controles especializados y tratamiento inmunosupresor para prevenir el rechazo del órgano. Este trasplante marca un nuevo hito para el programa de EsSalud: con esta intervención, el INCOR realizó el primer trasplante cardíaco pediátrico de 2026, siendo además el sexto efectuado en la institución en lo que va del año, lo que demuestra la necesidad de promover la donación voluntaria de órganos en el Perú.
Para Patricia Soto, madre de Nathan Z. S., fue una experiencia de vida que merece ser contada. “Recibí la llamada informándome de que había un donante justo el día de mi cumpleaños. La operación y la recuperación han evolucionado favorablemente, y aunque aún queda camino por recorrer, lo más difícil ya pasó”, declaró la mamá de Nathan.
El presidente ejecutivo de EsSalud, Jaime Moreno, destacó que el trasplante evidencia el fortalecimiento del programa institucional y reiteró el llamado a promover la donación voluntaria de órganos. “Celebramos el primer trasplante cardíaco pediátrico del año, un logro que representa una nueva oportunidad de vida para un niño y refleja el desarrollo continuo de nuestro programa de trasplantes”, señaló.
Desde que el Programa de Trasplante Cardíaco fue reactivado en 2010, el instituto acumula 139 intervenciones de este tipo, cifra que lo consolida como el principal centro público del país para estos procedimientos de alta complejidad. A nivel nacional, la situación de la donación sigue siendo crítica: en lo que va de 2026 solo se registraron 18 donantes fallecidos de órganos en el Perú. De esos 18 donantes, se realizaron 278 trasplantes de órganos, tejidos y células (incluida médula ósea). La tasa nacional de donación es de apenas 0,5 donantes por millón de habitantes, una de las más bajas de la región.
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