Cuarenta y tres años después de aquel 1983 en que el río La Leche desbordó en Lambayeque y dejó decenas de miles de damnificados en una sola jornada, Abraham Levy vuelve a mirar el mismo océano y encuentra una señal familiar. El meteorólogo, que entonces era un joven aprendiendo a leer el mar como otros leen un libro, recuerda que en ese entonces no hubo internet ni alertas tempranas: solo un artículo en la página editorial de un diario limeño anunció lo que se venía. Hoy, la forma en que el calentamiento del Pacífico central se está desarrollando le recuerda al fenómeno de 1997.

En conversación con La República, el veterano "hombre del tiempo" explica sin tecnicismos qué está pasando en el mar frente a nuestras costas, qué diferencia a un Niño global de uno costero y qué deberían hacer las autoridades antes de que la temporada de lluvias confirme sus peores pronósticos. "Son las temperaturas más altas observadas en junio y julio desde que tenemos datos confiables", afirma Levy.

Abraham Levy advierte consecuencias por inacción ante un fenómeno El Niño confirmado

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Levy responde que cada ciudadano está acostumbrado a tener una condición climática determinada en cada mes del año: en Tacna las noches son frías en julio, en Juliaca las madrugadas bajan bajo cero y en febrero llueve con tormentas eléctricas y granizo. Con el mar sucede lo mismo. La comunidad científica ha estudiado, a partir de observaciones satelitales que tienen décadas, qué temperatura le corresponde a cada porción del océano en cada día del año. "¿Qué es El Niño? Es una alteración de esas temperaturas del mar a lo largo de una porción muy grande del océano Pacífico", explica. Ese calentamiento altera el viento, que es el que trae el clima. "En Piura deberíamos tener 16 o 17 grados en las noches y estamos con 21 o 22, porque el mar está caliente y la brisa marina entra en contacto con ese calor, como una hornilla que calienta una sartén".

Hoy, detalla Levy, el océano Pacífico está muy caliente en relación a lo que debería ser en julio, y se sabe porque se han alimentado modelos de computación con inteligencia artificial durante décadas de estudio. Para los peruanos hay dos tipos de Niño. El Niño global se produce en el centro del Pacífico y, cuando llega con fuerza a la temporada de lluvias —entre octubre y mayo—, una extensa porción del país recibe menos lluvia que lo habitual. "Eso significa menos agua para la agricultura, la energía eléctrica, la población y la ganadería", advierte.

En este momento, las temperaturas en el centro del océano Pacífico son las más altas registradas para junio y julio desde que existen datos confiables, aproximadamente desde 1950. “Es menos de un grado de diferencia, pero ahí un grado pesa”, señala Abraham Levy. Este calor oceánico está vinculado al fenómeno de El Niño global, que podría desencadenar una sequía que abarque la mitad del país, especialmente la mitad sur. “Si donde llueve 100 me va a llover 30, ahí sí voy a estar en problemas”, advierte el especialista. En 1983, un episodio similar provocó una sequía que mató a gran cantidad de ganado en el altiplano, un escenario que podría repetirse en la próxima temporada de lluvias si El Niño global alcanza esa intensidad.

Paralelamente, existe El Niño costero, que afecta una región oceánica más reducida frente a la costa norte, desde Trujillo hasta la línea ecuatorial, conocida como región Niño 1+2. A diferencia del global, este fenómeno solo impacta la costa y no llega a zonas como Madre de Dios, Iquitos, Cusco o Huancayo. Sin embargo, sus efectos se extienden por todo el litoral: Lima, en la costa central, no está cerca de la región Niño 1+2, pero igualmente sufre un invierno atípico. “Lo notamos en Ica, en Pisco y en Lima, con mucho más claridad en el norte del Perú”, detalla Levy. En pleno invierno, el aeropuerto de Lima registra 20 grados en lugar de los 13 o 14 habituales. Este calentamiento del aire afecta a la anchoveta, principal recurso pesquero del país, con repercusiones en toda la cadena de producción de harina de pescado. También perjudica cultivos de frutas, hortalizas y tubérculos que requieren frío invernal.

Cuando comience la época húmeda, en diciembre, El Niño costero podría generar lluvias intensas en Tumbes, Piura y Lambayeque, aunque nadie puede predecir su magnitud exacta. Otro riesgo es que el aire cálido y húmedo del mar, al chocar con los Andes en los valles costeros, provoque huaicos, como ocurrió en Arequipa en febrero pasado. En 1987, un huaico en Chosica, con apenas dos horas y media de precipitación, sepultó a la población y se convirtió en el desastre climático más mortífero para los limeños. Los modelos basados en inteligencia artificial sugieren que el próximo verano podría traer fuertes lluvias en la costa norte, pero aún no se puede precisar la cantidad.

Las temperaturas del mar peruano están hasta 6 grados más alta que de costumbre

Las temperaturas del mar peruano están hasta 6 grados más altas que de costumbre.

Desde 1950, el Pacífico central ha registrado solo tres eventos de El Niño de gran magnitud: 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. El primero de ellos dejó más de un millón de damnificados y tuvo una particularidad: el periodo lluvioso de abril, mayo y junio fue más intenso que el de enero a marzo. En mayo de 1983, Lima alcanzó los 30 grados, una temperatura que no se ha vuelto a repetir. Abraham Levy advierte que, como le recuerda constantemente el doctor Antonio Mabres, físico y exrector de la Universidad de Piura, “lo que algún día puede pasar va a pasar”. Por eso, el monitoreo, la educación y la inclusión de estos temas en la currícula escolar y en la gestión pública resultan fundamentales.

El llamado “hombre del tiempo” ha encontrado una correlación muy alta entre la temperatura del mar en el centro del océano durante febrero, marzo y abril y la disminución de los caudales de los ríos Rímac y Mantaro, que abastecen de energía eléctrica al país. Ese es el riesgo de sequía que trae consigo un El Niño global. Sin embargo, Levy aclara que la costa peruana no está más caliente hoy que hace 200 años; de hecho, atravesamos la época más fría del año. No obstante, según datos de la Marina de Guerra, en la isla Lobos de Afuera, frente al límite entre Lambayeque y Piura, la temperatura del mar supera en más de 6 grados sus valores normales, mientras que en La Punta el incremento es de entre 4 y 5 grados.

El fenómeno actual se asemeja, por la estacionalidad en que se genera el calentamiento y por la cantidad de agua caliente en la superficie, a lo ocurrido en 1997. En cuanto a las regiones que más le preocupan, Levy recuerda que en 1983 el río La Leche se desbordó en Lambayeque sin ninguna obra de encauzamiento, y en una sola jornada se acumularon decenas de miles de damnificados en Jayanca, Mochumí, Illimo, Pácora y Túcume. En 2017, el río Piura se salió en la ciudad. “Tenemos que hacer las obras necesarias para evitar que un solo evento genere 30 mil, 50 mil o 100 mil damnificados”, afirma, y pone como ejemplo la desviación de quebradas que ya está avanzada en Trujillo.

En Lima, las zonas más vulnerables son Chosica y Chaclacayo. Las mallas de protección que retienen las piedras están abandonadas y rotas, por lo que urge repararlas. “Hay que proteger a los grandes centros poblacionales, esa es la prioridad: la vida de las personas. El puente lo podemos reponer, la vida no”, sostiene Levy. Además, advierte que en Piura o Sullana hacen falta bombas para desaguar rápido las zonas inundadas, no solo por las inundaciones en sí, sino porque el agua empozada genera dengue.

“Más que al gobierno central, la recomendación es para las municipalidades y los gobiernos regionales, porque cada uno conoce bien su circunstancia”, señala Abraham Levy. El experto advierte que “somos un país donde la gobernabilidad es disfuncional: un ministerio no habla con otro”. Por ello, insta a “asegurar que las obras de infraestructura para riego, transporte, energía o vivienda no se ubiquen en zonas expuestas a huaicos o avenidas de los ríos”. A la ciudadanía, pide “estar tranquila, esto es parte de lo que nos toca vivir”.

En cuanto a la sequía, Levy subraya la urgencia de implementar medidas concretas: “hay que tener miles de toneladas de chala y melaza distribuidas en el sur, y pequeñas piscinas para almacenar agua, para no tener una crisis con la ganadería”. Y sentencia: “Primero están las vidas”.

Consultado sobre el impacto en la agricultura, el “hombre del tiempo” confirma que “ya varios agricultores anuncian demoras o cosechas perdidas”. Explica que “la agricultura y la pesca sufren con los Niños importantes, porque las plantas son seres vivos acostumbrados a determinadas condiciones que no se producen”. Aunque asegura que “el Perú nunca va a tener en riesgo su seguridad alimentaria”, advierte que “sí pueden subir los precios de los alimentos”. Como antecedente, recuerda que “en 1992 tuvimos una de las peores sequías de nuestra historia moderna y se racionó el agua y la luz en Lima, no por los atentados de Sendero Luminoso, sino porque no había agua para generar energía hidroeléctrica”.

Respecto a la incertidumbre del fenómeno, Levy afirma que “estamos ante un evento importante y la incertidumbre es que no sabemos cuánto va a bajar la lluvia ni en qué porción del territorio, si será en el 20%, el 50% o el 60% del país”. Además, recalca que “el impacto de las lluvias intensas para la costa norte, que es desierto, es tremendo”.

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