El Perú es un país megadiverso, cuna de numerosos alimentos y reconocido mundialmente por su gastronomía. Sin duda, una potencia alimentaria en la cantidad, la diversidad y la calidad de nuestra producción de alimentos.

Un estudio publicado el año pasado en la prestigiosa revista Nature Food (indexada y con revisión por pares) analizó la autosuficiencia alimentaria de 186 países. Los investigadores europeos compararon la producción de cada nación con las necesidades de su población en siete grupos de alimentos que conforman la base de una dieta saludable, validada por varios organismos internacionales especializados: carnes, lácteos, frutas, verduras, legumbres, nueces y semillas, y cereales y alimentos ricos en almidón. El artículo, de acceso abierto y disponible en https://doi.org/10.1038/s43016-025-01173-4, revela que solo un país en el mundo es autosuficiente en los siete grupos, es decir, produce lo suficiente de cada uno para cubrir las necesidades de una alimentación saludable de toda su población: Guyana. En contraste, un tercio de los países resultó autosuficiente en apenas dos de los siete grupos.

La persistente desigualdad –económica, territorial y social– y la pobreza de nuestro país, uno de los pocos que aún no ha logrado regresar a los niveles prepandémicos, limitan que, aun teniendo alimentos, seamos un país bien alimentado y con una buena nutrición. (Foto: Reuters)

Perú logró ser autosuficiente en cinco de los siete grupos de alimentos analizados, lo que lo coloca dentro del selecto 15% de países —casi todos en Latinoamérica y Europa— que alcanzan ese nivel en al menos cinco categorías. Sin embargo, en verduras y legumbres, así como en nueces y semillas, la producción nacional no basta para cubrir las necesidades de toda la población ni para garantizar una alimentación saludable. Este resultado, según el informe, es una prueba más de que somos un gran país productor de alimentos diversos.

Buena parte de los alimentos de estos siete grupos proviene de la agricultura familiar, cuyos productores operan en condiciones muy precarias y con un apoyo muy limitado. La agricultura familiar presenta muy bajos niveles de productividad, lo que significa que, si existiera una política agraria efectiva y una meta ambiciosa de producción, los niveles actuales de alimentos serían aún mayores.

En algunos grupos, como las frutas, Perú es un importante exportador, lo que implica que no toda la producción se consume localmente. Si el país es superavitario en un grupo no hay problema, pero si no lo es, puede ocurrir que, aun siendo autosuficiente en la producción de ciertos alimentos, no haya suficiente producción disponible para el mercado interno. Además, se importan productos que no se producen, como trigo o maíz amarillo duro. El comercio mundial de alimentos resulta clave para asegurar la disponibilidad de alimentos en cantidades y diversidad suficientes.

La capacidad de ser autosuficientes en cinco de los siete grupos de alimentos revela el enorme potencial alimentario del país, aunque choca con una realidad mucho más crítica. Según el reporte 2025 de Naciones Unidas (SOFI), cerca del 40% de los peruanos enfrentaban inseguridad alimentaria y casi dos millones de personas se encontraban en situación de pobreza extrema, es decir, pasaban hambre. A esto se suma una profunda desigualdad en el consumo de alimentos entre distintos sectores socioeconómicos y localidades.

Las encuestas de hogares que produce anualmente el INEI (ENAHO) confirman esta brecha. Los hogares del quintil de menores ingresos (el 20% más pobre) consumen menos proteína animal per cápita de la recomendada, así como menos frutas y verduras frescas de lo necesario. En contraste, tienden a consumir en exceso productos como el arroz. Por otro lado, el quintil más acomodado, el 20% con mayores recursos, supera el consumo recomendado de carnes, frutas y verduras.

Esta disparidad se explica, en parte, porque los alimentos más nutritivos —como frutas, verduras, carnes y pescados— son relativamente más costosos y complejos de obtener, al tratarse de productos frescos que requieren cadena de frío. Muchos hogares de bajos recursos o con acceso limitado a mercados con una oferta variada de estos siete grupos terminan sacrificando el consumo de algunos de ellos, lo que afecta directamente su nutrición.

El consumo de alimentos en las familias no depende únicamente de la disponibilidad, sino del acceso económico (si pueden costear una canasta nutritiva), del acceso físico (si hallan los alimentos en sus entornos habituales de compra) y de la educación nutricional que posean. Estos tres factores son altamente desiguales en el país. Ser reconocidos como una potencia en producción de alimentos y saber que, con mejores políticas agrarias, podríamos producir aún más es positivo. No obstante, eso no basta para convertirnos en una potencia alimentaria. La persistente desigualdad —económica, territorial y social— y la pobreza, que nos mantiene como uno de los pocos países que aún no ha retornado a los niveles prepandémicos, impiden que, pese a contar con alimentos, seamos un país bien alimentado y con buena nutrición. Carolina Trivelli linkedin Magister en Economía Agraria por The Pennsylvania State University y Economista de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ex Ministra de Desarrollo e Inclusión Social.

Leer artículo completo en gestion.pe →