Una de las peores cosas que le pudo pasar al Perú en los últimos años, según este Búho, es la designación de José Balcázar como presidente de la República. Se trata de un radical de izquierda ideologizado que no sabe dónde está parado, y la culpa recae directamente en un Congreso que da vergüenza. Con tan solo dos semanas en el poder, Balcázar se ha dedicado a hacer viajecitos con la familia y a realizar decenas de nombramientos en puestos claves del Estado, incluidos dos ministros, para pagar favores.

El panorama político está más movido que Kike Suero brindando con una botella de pisco quebranta mientras sufría con la clasificación de Argentina a la semifinal del Mundial tras derrotar a Suiza. Por eso, agarro mi ‘Espada del augurio’ de ‘Los Thundercats’, para que me permita ver ‘más allá de lo evidente’ y así dar mis ‘Picotitos’, bien rabiosos, como exigen mis lectores.

La obsesión de Balcázar es liberar al golpista Pedro Castillo. Es tan burro que sigue afirmando que gobernar es fácil, mientras todos los días siguen matando choferes a balazos. El gran problema es que le quedan dos semanas en el poder y no sabemos con qué cosas más nos saldrá. Desesperado por sacar a las calles a Castillo, ha vuelto a presionar al ministro de Justicia, Luis Jiménez, para que avale el indulto. Lo emplazó a tomar en cuenta el informe de un grupo de trabajo ideologizado de las Naciones Unidas, que declaró que la detención del chotano fue arbitraria.

El reporte mencionado no tiene validez legal ni es vinculante para el Perú, por lo que el país no está obligado a considerarlo. Se trata apenas de la opinión de un grupo de personas, pero para José María Balcázar ese documento parece ser una justificación para consumar su despropósito: salvar al chotano de los procesos por corrupción que enfrenta, como las coimas de Sada Goray, los miles de dólares que cobraba a policías y militares por ascensos, y otros delitos que podrían enviarlo a prisión por varios años.

Keiko Fujimori, como presidenta electa, debe ser como la mujer del César. Debe estar consciente de que un sector de la población la rechaza y de que existe un plan de la izquierda radical para golpear su gobierno, con marchas y acciones anunciadas para quitarle legitimidad. Por eso, no solo debe rodearse de los mejores técnicos, sino también alejarse de los corruptos. No es suficiente que sea honesta: también debe parecerlo ante todos. No puede juntarse con personajes que arrastran denuncias judiciales.

Llama la atención que haya salido a defender y ratificarle la confianza al jefe de su equipo de transferencia, Marco Vinelli, quien tiene una demanda civil y una investigación por presunta corrupción. Cuidado.

Además, qué estamos pagando los peruanos para soportar la clase de ministros que hemos visto desfilar desde que Pedro Castillo llegó al poder: acusados de asesinato, prosenderistas, rateros, ignorantes y señalados por violación. Un ministro acosador da vergüenza.

Freddy Solano renunció a la cartera de Trabajo tras ser denunciado por acoso por una exsecretaria que trabajó bajo su dirección en el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. La denunciante aseguró que este personaje intentó obligarla a sentarse en sus piernas. La Fiscalía debe intervenir e investigar a fondo este caso. Por otro lado, una de las tareas que Keiko y su gobierno deben aplicar es expulsar del país a toda la lacra criminal extranjera, especialmente venezolanos, que asesinan, extorsionan, torturan y descuartizan a hombres y mujeres mientras lo graban. Hay miles de estas alimañas en prisiones peruanas ya hacinadas desde hace años, y la pregunta es por qué tenemos que soportarlos. El nuevo gobierno debe negociar con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, para que acepte recibir a sus ‘monstruos’, muchos de ellos enviados al Perú y Chile por el tirano Nicolás Maduro, que hoy está bien preso en una celda de máxima seguridad en Estados Unidos. Apago el televisor.

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