Un experimento científico de la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de St. Andrews puso a prueba si un bonobo llamado Kanzi podía participar en juegos de simulación, una capacidad que hasta ahora se consideraba exclusiva de los humanos. Los investigadores adaptaron pruebas que suelen aplicarse a niños pequeños para ver si el primate actuaba "como si" algo fuera real, sabiendo que no lo era.

Kanzi, que falleció en 2023 a los 44 años, fue criado en cautiverio y pasó gran parte de su vida interactuando con humanos. El primate era conocido por comprender órdenes complejas e incluso fabricar herramientas simples de piedra. Ahora, su comportamiento ha reabierto el debate sobre la mente de los grandes simios.

La habilidad de imaginar cosas que no existen —objetos invisibles, escenas ficticias o situaciones simuladas— se ha considerado propia de los humanos. Desde la infancia, las personas aprenden a jugar a "hacer como si...", organizando fiestas de comida o transformando una habitación en un castillo. Sin embargo, Kanzi tuvo un comportamiento inesperado que desafía esa creencia.

Kanzi es un bonobo que aprendió a comunicarse con los humanos. Foto: Ape Initiative

Un bonobo que juega a tomar el té nos enseña que no somos los únicos seres con facultades mentales complejas. El experimento, publicado en la revista Science, tuvo como protagonista a este primate que, pese a no haber sido entrenado para ello, demostró capacidad de simulación, algo que se creía exclusivo de los humanos.

Kansi podía combinar símbolos para interactuar con los humanos. Foto: Conrad Schmidt

Kanzi podía combinar símbolos para interactuar con los humanos. Foto: Conrad Schmidt

En el primer experimento, los investigadores colocaron dos tazas vacías frente al bonobo y simularon verter jugo desde una jarra imaginaria en ambas. Luego, fingieron vaciar una de ellas. Kanzi señaló correctamente la taza que 'aún contenía' jugo 'invisible' en 34 de 50 intentos, un resultado muy superior al azar. Para descartar que confundiera lo real con lo ficticio, se realizó un segundo ensayo con jugo verdadero: eligió la taza con líquido real cerca del 80% de las veces, lo que indica que distinguía entre un objeto real y uno imaginado. Un tercer ensayo con uvas ficticias colocadas en recipientes arrojó resultados similares. En ninguna prueba recibió recompensas por acertar, lo que reduce la posibilidad de que respondiera por condicionamiento o interpretando gestos de los científicos. “Lo más emocionante de este trabajo es que sugiere que las raíces de la imaginación no son exclusivas de nuestra especie”, explicó Christopher Krupenye, coautor del estudio. Según los investigadores, estos resultados apuntan a que la capacidad de representar mentalmente objetos inexistentes podría tener un origen evolutivo mucho más antiguo. Kanzi creció entre humanos, por lo que es difícil determinar si sus habilidades se extienden a todos los simios o se deben a su crianza especial.

Kanzi creció entre humanos, por lo que es difícil determinar si sus habilidades se extienden a todos los simios o se deben a su crianza especial. Foto. Wikimedia

Kanzi creció entre humanos, por lo que es difícil determinar si sus habilidades se extienden a todos los simios o se deben a su crianza especial. Foto. Wikimedia

“Kanzi abrió un camino para futuras investigaciones”, afirmó la bióloga Amalia Bastos, coautora del trabajo de la Universidad de St. Andrews en Escocia. Los autores del estudio destacan que el hallazgo no solo desafía la idea de que la imaginación es exclusivamente humana, sino que también sugiere que esta capacidad podría haberse originado hace entre 6 y 9 millones de años, en un antepasado común con los grandes simios actuales. Sin embargo, algunos especialistas, como Michael Tomasello, psicólogo de la Universidad de Duke que no participó en el experimento, expresan dudas. “Para convencerme de eso, necesitaría ver a Kanzi simular que vierte agua en un recipiente él mismo”, señaló a Science Alert. Tomasello precisó que creer en un objeto invisible no equivale a mantener activamente una ficción, como hacen los humanos en el juego simbólico. Además, la crianza excepcional del primate, rodeado de humanos, genera interrogantes sobre si estas habilidades están presentes en otros bonobos o chimpancés sin ese entorno. Aun así, los autores subrayan que el estudio abre nuevas vías para futuras investigaciones.

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