Desde hace 15 años, Arturo Rafael Jerónimo Valiente se dedica a la conservación de Chan Chan, el complejo arqueológico de la región La Libertad reconocido como la ciudad de barro más grande del mundo y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su labor consiste en elaborar adobes especialmente diseñados para proteger las estructuras del monumento, una tarea que combina su conocimiento ancestral en ladrillería artesanal con técnicas específicas para preservar este sitio ante el paso del tiempo y las inclemencias climáticas.

Arturo aprendió a fabricar ladrillos artesanales desde su infancia, trabajando en una ladrillera artesanal. Esa experiencia con la tierra y el barro le permitió integrarse a los proyectos de preservación del sitio arqueológico. Aunque ya dominaba el oficio, al incorporarse a Chan Chan aprendió nuevas técnicas adaptadas a las necesidades de un patrimonio construido íntegramente en adobe, que requiere materiales con características específicas para su conservación.

Su trayectoria de 15 años combina su conocimiento ancestral en ladrillería artesanal con técnicas específicas para preservar este Patrimonio de la Humanidad declarado por la Unesco. lr.pe Arturo llegó al proyecto denominado 'Laberinto' después de que un amigo le comentara que buscaban adoberos para trabajar en Chan Chan. Allí inició una labor que continúa desempeñando hasta la actualidad. Su contacto con este oficio comenzó durante la infancia, cuando aprendió a identificar los tipos de tierra, preparar las mezclas y moldear ladrillos artesanales. En los trabajos de conservación, los adobes no se elaboran de la misma manera que los utilizados en construcciones convencionales. La preparación incorpora tierra, arena y confitillo para obtener piezas con mayor resistencia, capaces de proteger las antiguas estructuras frente al paso del tiempo y a las condiciones climáticas. Para Arturo, cada jornada representa también una oportunidad para admirar la magnitud de una ciudad levantada completamente con barro por la cultura Chimú. lr.pe

En 1988, la Unesco incorporó Chan Chan tanto a la Lista del Patrimonio Mundial como a la del Patrimonio Mundial en Peligro. Esta fue la capital del reino Chimú y ocupa alrededor de 20 kilómetros cuadrados, de los cuales aproximadamente seis corresponden a su núcleo monumental. Allí se distribuyen 10 ciudadelas amuralladas, además de pirámides, caminos, canales, cementerios y otras construcciones que evidencian el desarrollo alcanzado por esta civilización antes de la llegada de los españoles.

La planificación urbana del sitio revela una organización definida. Cada ciudadela posee un único acceso y está dividida en sectores con funciones específicas, donde se identificaron plazas, audiencias con forma de "U", depósitos para almacenar productos, plataformas funerarias destinadas a los gobernantes y espacios domésticos con evidencias de cocinas, dormitorios y pozos de agua. Sus edificaciones fueron levantadas principalmente con adobe sobre cimientos de piedra, mientras que elementos como madera, caña, carrizo y esteras formaban parte de la estructura de los techos. Los muros decorados con relieves de figuras geométricas, peces y aves continúan siendo uno de los principales símbolos arquitectónicos del legado chimú.

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