En el Perú, el Ministerio de Salud (Minsa) estima que alrededor del 14 % de la población vive con migraña, una de las enfermedades neurológicas más frecuentes y una de las principales causas de discapacidad en personas menores de 50 años a nivel mundial. Pese a su alta prevalencia, muchos peruanos suelen normalizar los episodios de dolor de cabeza y recurren a la automedicación, una práctica que —según los especialistas— puede empeorar los síntomas, favorecer la cronificación de la enfermedad e incrementar el riesgo de desarrollar cefalea por sobreuso de medicamentos.

“La migraña no es un simple dolor de cabeza. Se trata de una enfermedad neurológica que puede discapacitarte y afectar significativamente la calidad de vida, el rendimiento laboral y las actividades cotidianas. Cuando los episodios son frecuentes o limitan la rutina, es importante acudir a una evaluación médica”, explicó el doctor Fernando Henry Quijano Zapata, neurólogo de la Clínica Stella Maris.

Aunque no todos los dolores de cabeza requieren atención especializada, existen síntomas que deben motivar una consulta con el neurólogo. Entre las principales señales de alerta se encuentran: dolor que aparece varias veces al mes; episodios que duran varias horas o incluso días; náuseas o vómitos; sensibilidad a la luz, al ruido o a los olores; necesidad frecuente de consumir analgésicos; dolor que afecta el trabajo, los estudios o las actividades cotidianas; cambios en la intensidad, frecuencia o características habituales del dolor; y dolor acompañado de fiebre, rigidez de cuello, convulsiones, debilidad en alguna parte del cuerpo, dificultad para hablar o pérdida de conciencia.

El doctor Quijano advirtió que automedicarse con analgésicos de forma repetida sin conocer el origen del problema puede complicar el control de las cefaleas y retrasar un tratamiento adecuado. No todas las cefaleas tienen el mismo origen: mientras algunas se vinculan a tensión muscular, otras, como la migraña, son de origen neurológico. En estos casos, el dolor puede venir acompañado de alteraciones visuales, mareos, dificultad para concentrarse o mayor sensibilidad a la luz y al ruido. El diagnóstico suele hacerse con una historia clínica detallada y un examen neurológico completo. Si hay signos de alarma o se sospecha otra enfermedad, el especialista puede pedir estudios complementarios para descartar otras causas. “Un dolor de cabeza persistente o que cambia de forma no debe considerarse normal. Consultar a tiempo permite controlar mejor los síntomas y, sobre todo, descartar enfermedades que requieren un manejo diferente”, concluyó el doctor Quijano.

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