En perros y gatos, el estrés no desaparece automáticamente cuando cesa el factor que lo desencadenó. Puede prolongarse durante semanas o meses, afectar su conducta y dañar su salud. A esto se le denomina estrés crónico, un estado que a menudo se confunde con una mala costumbre o con su forma de ser.

Factores como la soledad, los cambios de rutina, los ruidos intensos, la falta de ejercicio o un ambiente tenso pueden mantenerlos en alerta constante. Con el tiempo, aparecen señales como pérdida de apetito, lamido excesivo, caída de pelo, irritabilidad, problemas digestivos, alteraciones urinarias o aislamiento. La irritabilidad, por ejemplo, suele interpretarse erróneamente como mala conducta.

Una de las señales de estrés crónico en tu perro es la irritabilidad, un comportamiento que muchas veces se confunde con mala conducta. Foto: Istock.

No basta con corregir la conducta: primero hay que descubrir qué está causando el malestar. Una rutina estable, paseos, juegos, descanso y un espacio seguro pueden ayudarlos. También es fundamental acudir al veterinario para descartar enfermedades. Una mascota puede tener comida, agua y vacunas, pero seguir sintiéndose mal. Proteger su tranquilidad no solo cuida su cuerpo, sino que mejora su calidad de vida.

Leer artículo completo en trome.com →