En un mega año electoral que abarca tres ejercicios fiscales (2024, 2025 y 2026), la alternancia del poder en democracia depende de elecciones bien planificadas. Sin embargo, el gobierno nacional debe financiar solo las actividades electorales debidamente programadas. Aquellas que no fueron previstas en el presupuesto multianual de cada ente electoral y que afectarían la reserva de contingencia requieren un análisis cuidadoso para determinar su viabilidad.
Es necesario realizar elecciones, pero también optimizar los recursos para atender la emergencia del fenómeno El Niño Global. En procesos anteriores, se destinaron fondos al STAE, al voto digital y otras actividades costosas que no contribuyeron al proceso electoral. Tras la primera vuelta, esas acciones derivaron en procedimientos administrativos e investigaciones fiscales por presuntos delitos electorales y de corrupción.
Hay que ser prudentes: la credibilidad de la democracia no solo se sustenta en procesos electorales transparentes, sino también en la capacidad de respuesta del gobierno en sus tres niveles —nacional, regional y municipal— para afrontar una emergencia nacional producto de un desastre natural. "Optimicemos recursos, recuperemos confianza ciudadana en el sistema", concluye el autor.
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