En menos de cuatro meses, Lima ha sufrido dos robos de oro que evidencian una ola de criminalidad fuera de control. El último ocurrió el jueves en el cruce de la avenida El Derby con la Panamericana Sur, en Santiago de Surco. Allí, un grupo de personas transportaba cinco kilos del metal precioso en una mochila, sin ningún tipo de vigilancia, lo que sugiere que el mineral era de origen ilegal.

El primer atraco similar se registró el 22 de marzo en la Costa Verde, en San Miguel. A diferencia del reciente, este fue captado por diversas cámaras. En ambos casos, el método de traslado y resguardo del mineral era totalmente informal e irresponsable. Las investigaciones señalan que aquel robo fue perpetrado por delincuentes del Callao.

Si la Policía Nacional no actúa con rapidez y cae sobre estos criminales, pronto la delincuencia hará lo que le dé la gana incluso en las narices de las autoridades. Muestra de ello es que hace poco asaltaron a un cambista en la iglesia de La Merced, en pleno Centro de Lima, y antes robaron en una tienda de armas, también en Santiago de Surco, en la zona de El Trigal.

Todo esto se suma a la ola de extorsiones, atracos, asesinatos, robos en viviendas y demás, que se ha convertido en una pesadilla y el principal problema para todos los peruanos. El próximo gobierno tiene que comenzar a mostrar resultados desde un principio, a diferencia de lo poco o nada que se ha hecho en las últimas dos décadas para frenar este flagelo.

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