Este Búho se sorprende de que Los Rolling Stones, los ‘viejos dinosaurios del rock’, sigan más vigentes que nunca. Acaban de lanzar ‘Foreign Tongues’ (Polydor/Universal Music), un álbum que ya es un acontecimiento mundial y que incluye catorce piezas, de las cuales diez son inéditas. Entre ellas destaca la versión de ‘You know I’m no good’, de Amy Winehouse.

“Fueron unas semanas muy intensas grabando. Teníamos catorce grandes canciones y trabajamos tan rápido como pudimos. Me gustó porque se pudo sentir la pasión de todos”, dijo Mick Jagger, quien está por cumplir 83 años, junto a Keith Richards, su compañero de mil batallas que bordea los 82. No olviden que a inicios de los setenta ambos tuvieron serios problemas con las autoridades por consumo de drogas, con allanamientos a sus domicilios bajo el pretexto de buscar sustancias ilegales, lo que les ganó fama de malogradazos.

Tuve la suerte de verlos de cerquita en el mejor concierto que el Perú ha albergado en toda su historia. No exagero. Era domingo, cerca de la medianoche, y cincuenta mil fanáticos salieron del estadio ‘Monumental’ literalmente ‘stones’. Cuando a las nueve de la noche sonaron los primeros acordes de ‘Start me up’, el coloso de Ate se vino abajo. Cincuenta años arriba de un escenario no pasan en vano.

Valió la pena meterse la mano al bolsillo y apoquinar las entradas más caras para un concierto en Lima. Una popular Norte para el show de Paul McCartney costaba ochenta soles, mientras que para el de Mick y compañía estaba en trescientos veinte soles. Si el padre rockero quería ir con sus dos hijos y su esposa a Norte, solo en entradas desembolsaba cerca de mil trescientos soles, aparte de movilidad y algún refrigerio. Pero resultó una experiencia inolvidable, y los cincuenta mil fanáticos salieron ‘stones’ al escuchar a la mejor banda de rock and roll viva de la tierra.

Con un ‘¡Hola… mis causitas!’, Mick Jagger se ganó al público desde el primer instante. A sus 72 años, el vocalista se movía frenético por el escenario, como si una culebra se hubiera metido en su ajustado polo. ‘Una anaconda’, habría dicho Monique Pardo. Keith Richards y Ronnie Wood formaban la comparsa ideal, tomando protagonismo cuando Jagger necesitaba un respiro tras dos horas de derroche de vitalidad. Uno de esos momentos de reposo para el cantante y de emoción para los asistentes fue cuando Richards, con su guitarra acústica, interpretó ‘You got the silver’.

El momento más esperado por los fanáticos, sin embargo, llegó después. En otras ciudades no habían tocado la balada ‘Angie’, el tema compuesto en homenaje a la primera esposa de David Bowie, íntimo amigo de Mick en épocas de locura. Esa canción entrañable fue la más reclamada por los seguidores en internet. Luego sonó ‘Like a rolling stone’, de Bob Dylan. Todos coreaban los hits que se sucedían uno tras otro: ‘It’s only rock and roll’, ‘Tumbling dice’ y ‘Out of control’.

El columnista, que estaba en la popular Norte, terminó cómodamente instalado en Occidente gracias a algún vivazo que abrió por unos minutos una puerta entre ambas tribunas. Nadie se hizo paltas; durante esas dos horas mágicas todos éramos iguales. En las pausas necesarias, Jagger sacó a relucir su chispa y alabó la gastronomía peruana. Nos cochineó: ‘Mi hija tiene un cuy de mascota y llegó aquí y ya no lo encontró’, seguramente porque probó la exquisita carne del roedor, poco común en otros países. También elogió a los chibolos que bailaban frenéticos abajo del estrado. “Bailan mejor que sus vecinos”, dijo, provocando carcajadas del respetable.

El riff más famoso de la historia del rock, con Keith Richards iniciando ‘Satisfaction’, hizo que todo el coloso se viniera abajo. Antes, Mick Jagger había entrado en trance satánico con ‘Sympathy for the devil’ (Simpatía por el diablo), un tema de oro puro que soltaron tras guardarse joyitas como ‘She’s so cold’. “¡Un exorcista!”, bramó un chistoso con más de diez vasotes de cerveza en el estómago. Detrás de los cuatro Rolling Stones estaba una banda de acompañamiento de cinco músicos, entre tecladistas, guitarristas y coros. Siguieron ‘Gimme shelter’ y el entrañable ‘Miss you’, entonado a todo pulmón por los fans. Parados en las butacas de Occidente, los asistentes se volvieron más pendencieros que barristas de la ‘Trinchera Norte’. Era el gran final. Al revés de la canción, ellos sí se retiraron satisfechos. La antesala había empezado muchas horas antes para los humildes fanáticos, que no tenían esa vitalidad endiablada de estos fenómenos. “Larga vida, maestros. Apago el televisor”, concluye el cronista.

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