El artesano Reynaldo Quispe exhibe en la Plaza Mayor de Huamanga un retablo inspirado en la reciente aprobación de la Ley N.° 32645. Foto: La República.

En la Plaza Mayor de Huamanga, el artesano Reynaldo Quispe Flores exhibe un retablo que nació de la indignación. La pieza, cargada de sátira política, muestra a la presidenta electa Keiko Fujimori cargando al señor Fernando Rospigliosi mientras llevan un cartel que dice “estudia”. Al fondo, aparecen presos un retablista, un guitarrista y otros artistas de Ayacucho. “Hice este retablo para protestar”, explica Quispe.

La protesta apunta contra la Ley N.° 32645, que crea el Colegio Profesional de Artistas del Perú y fue oficializada el 13 de junio por el Congreso. La norma exige título profesional o licenciatura como requisito para la colegiatura, lo que ha generado un fuerte rechazo entre los creadores populares de Ayacucho, considerada la capital del arte popular y la artesanía del Perú. Para los artistas formados fuera de escuelas superiores, institutos o universidades, la pregunta que surge es directa: ¿quién decide quién es artista?

Reynaldo Quispe Flores, de 37 años, lleva más de dos décadas dedicado al retablo ayacuchano. Aprendió el oficio a los 12 años, enseñado por sus tíos, los reconocidos artesanos Donato Ramos Soto y Benigna Vallejo Quispe. Hoy mantiene su taller en el barrio de Belén, en Ayacucho, zona emblemática de artistas tradicionales consagrados al retablo y a la piedra de Huamanga. “Nosotros somos autodidactas. Mayormente salimos de la escuela de la casa: aprendemos de nuestros padres lo que hacemos en la artesanía”, señala. “Con esta nueva ley sentimos que nos están limitando y que podrían censurarnos. Nos piden que estudiemos o que tengamos un título. Pero sabemos que hay muchos congresistas que no tienen estudios superiores”.

Retablo de protesta elaborado por el artesano ayacuchano Reynaldo Quispe Flores contra la Ley N.° 32645, que exige título profesional para la colegiatura de artistas. Foto: La República.

Retablo de protesta elaborado por el artesano ayacuchano Reynaldo Quispe Flores contra la Ley N.° 32645, que exige título profesional para la colegiatura de artistas. Foto: La República.

EL ARTISTA Y SU ÉPOCA

Carmen Aroni Salazar cuestiona que el Congreso haya aprobado una ley sin considerar la diversidad cultural del país ni las distintas formas de aprendizaje artístico. En Ayacucho, gran parte del arte popular se transmite en la familia, en los barrios, en las comunidades y en las fiestas, explica. “El Perú es un país pluricultural y multicultural. En Ayacucho tenemos una gama de artistas populares. Los grandes amautas, reconocidos como patrimonio cultural y que han llevado nuestras artes a diferentes lugares y países, ¿dónde quedan?”, pregunta.

Cada 31 de agosto, en Ayacucho, Carmen Aroni Salazar vuelve a ser reconocida como Ventura Ccalamaqui, la heroína quechua que participó en los alzamientos contra el ejército español en Huamanga. También ha representado a María Parado de Bellido y ha actuado en películas, documentales y videoclips. No se formó en una escuela de arte. “Yo soy docente, pero en paralelo hago teatro. No he sido formada en una escuela de arte. Entonces, me estarían discriminando, estarían vulnerando nuestro derecho a la libertad de laborar”, sostiene.

Cada 31 de agosto, Carmen Aroni Salazar encarna a la heroína quechua Ventura Ccalamaqui en la representación histórica de los levantamientos independentistas de Huamanga.

La actriz advierte que la norma no solo excluye a quienes no tuvieron formación académica. También podría abrir una vía de control sobre la creación artística. “Esta ley está atentando contra la creatividad. Nos quieren mutilar ese derecho. Si nos parametran, ¿dónde queda la autenticidad del artista?”, cuestiona. Para Aroni, el Congreso debería atender otras necesidades urgentes del sector: mejores condiciones laborales, seguro de salud y jubilación digna. “Si quieren mejorar la situación de los artistas, para eso están las asociaciones, los gremios y los sindicatos. Pueden visitar cada región y conocer cuáles son nuestras necesidades”, señala.

EL ARTISTA VALIDADO POR EL PUEBLO

Chano Díaz Límaco es una de las figuras más esperadas en cada carnaval en Ayacucho. Las comparsas de los barrios de Andamarca y San Blas lo llevan casi como una insignia. Vuelve siempre a Huamanga para las fiestas y participa tocando la quena, aunque su trayectoria está profundamente ligada al charango. El músico ayacuchano sostiene que el arte no requiere validación burocrática, sino el reconocimiento de su pueblo.

El músico ayacuchano Chano Díaz Límaco sostiene que el arte no requiere validación burocrática, sino el reconocimiento de su pueblo. Foto: Marco Cotrina / La República.

“El arte existe incluso antes que la escritura, antes de que se formara cualquier gobierno. Antes que cualquier instancia burocrática. El artista no necesita una validación burocrática. No necesita un papel. Al artista lo valida su pueblo y lo valida el tiempo”, afirma Chano Díaz Límaco, quien ha participado en más de 300 discos y fue director musical de la película documental “Sigo siendo” (2013). Para él, la creación de un colegio profesional para artistas es “un despropósito total”.

Chano Díaz Límaco proviene de una familia fundamental para la música tradicional andina: su abuelo, Alejandro Límaco, fue guitarrista, y su madre, Rosa Límaco Banett, intérprete de huaynos. Recuerda que grandes representantes de la música peruana no recibieron formación académica y cita a Óscar Avilés, Raúl García Zárate, Jaime Guardia, Carlos Hayre y Máximo Damián. “Imagínate que ellos tuvieran que hacer cola para ser colegiados. Eso no tiene ningún sentido”, dice. También percibe un riesgo de censura si el colegio profesional contara con un tribunal de ética capaz de evaluar expresiones artísticas. “Yo no me voy a colegiar jamás. No seré parte de ninguna censura al arte, ningún tipo de veto”, resalta.

En la misma línea, la artista visual Venuca Evanán Vivanco, hija de la migración sarhuina, sostiene que sus enseñanzas artísticas no provienen de una academia. “Estas enseñanzas no vienen de una academia. Vienen de un entorno familiar, de una resistencia comunitaria, donde hay cultura, donde hay memoria”, afirma. Sus padres, Primitivo Evanán Poma y Valeriana Vivanco Espinoza, fueron sus maestros. Ellos llegaron de Sarhua a Lima y trabajaron en distintos oficios para sostener a la familia. Esa historia, marcada por el desarraigo, el trabajo y el arte, aparece en una de sus tablas dedicadas a su madre. “Ella vendía ropa. En su honor he pintado su historia”, relata.

La artista visual Venuca Evanán Vivanco en su taller, donde desarrolla obras inspiradas en la memoria familiar y la tradición de las tablas de Sarhua. Foto: Marco Cotrina / La República.

En la primera escena de la obra, su madre aparece en la comunidad, cuidando ovejas. Luego, ya en Lima, trabaja como empleada del hogar. Más arriba, Venuca Evanán resalta su labor como madre, ambulante y parte de una olla común que alimentaba a pintores sarhuinos en la capital. Las tablas de Sarhua registran historias familiares, mitos, costumbres y denuncias de violencia. Durante el conflicto armado interno, pintores sarhuinos utilizaron este soporte para narrar el dolor, la rabia y la memoria de sus comunidades. Una de esas series, 'Piraq Causa' —“¿Quién será el culpable?”—, forma parte hoy de la colección del Museo de Arte de Lima.

Los artistas ayacuchanos no se oponen a la organización del sector ni a mejorar sus condiciones laborales, pero cuestionan que el Estado pretenda regular la creación artística con criterio académico, ignorando la diversidad cultural del país. Consideran que la ley puede excluir a artesanos, músicos, pintores, danzantes y artistas populares que aprendieron en casa o en sus comunidades, y temen que vulnere el derecho al trabajo y a la creatividad, convirtiendo el arte en un trámite burocrático. “No dividan más al país”, piden. “Nosotros seguiremos adelante con nuestro patrimonio, con nuestras ideas y con nuestra creatividad. El arte no se va a morir”, coinciden. Primitivo Evanán recuerda que ya hubo intentos de censura contra estas obras. En 2018, algunos cuadros sobre violencia política fueron señalados falsamente de apología al terrorismo. “Si ya sin esta ley querían censurarnos, y hasta había congresistas que decían que esto debería quemarse, ¿qué pasará ahora?”, pregunta. Para Venecia Evanán, la ley reproduce una jerarquía antigua: la que separa al artista académico del artista popular, al creador universitario del creador formado en la comunidad. “Te van segmentando y encajando en una sola forma de aprender, cuando en las comunidades tenemos otras formas de aprendizaje, como la transmisión familiar”, señala: “Están creando más división, racismo y discriminación contra otras expresiones y formas de aprender”. Por su trabajo, Venecia Evanán recibió el Premio Talento Joven en la sección Opening New Galleries de la feria española ArcoMadrid 2026. Su obra se expone en prestigiosos museos del mundo, entre ellos el Reina Sofía de España.

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